Josep M. Colomer: "Seria partidari de la separació nació i estat".


Josep M. Colomer
Apenas reflexionamos hoy sobre el calendario gregoriano, el sistema métrico decimal o la red postal pero se trata de hallazgos extraordinarios gracias a los que el planeta funciona unido. ¿Y la política? ¿Es posible, o siquiera deseable, un gobierno mundial coordinado? Josep M. Colomer afirma que, de hecho, ya existe, que es compatible con la democracia y cada vez más eficaz. Lo demuestra en El gobierno mundial de los expertos (Anagrama, 2015)

Woodrow Wilson ha sido el único presidente de Estados Unidos con un doctorado -y en ciencia política- pero cuando, al finalizar la primera guerra mundial en 1918, inventó la Sociedad de Naciones para evitar por siempre la guerra y “hacer del mundo un lugar seguro para la democracia”, fracasó estrepitosamente. Veinte años después estallaba una contienda aún peor que la anterior: la segunda guerra mundial. ¿Qué salió mal? 

Josep M. Colomer es profesor de economía política en la Universidad de Georgetown (EE.UU.), autor de más de doscientos artículos académicos y uno de los mayores expertos en gobernanza mundial. Es además premio Anagrama de Ensayo por su libro El arte de la manipulación política (1990). Su último trabajo lleva por título El gobierno mundial de los expertos y en él describe por qué el “gobierno mundial” que perseguía el desdichado presidente Wilson no podía funcionar miestras el que se forjó tras 1945 sí lo hace. Porque el gobierno mundial ya está aquí. 

-La expresión “gobierno mundial” es usada con frecuencia en sentido peyorativo cuando no directamente con intención conspirativa. Usted defiende que el gobierno mundial ya existe y que no es necesariamente negativo...

-No existe un gobierno mundial centralizado y soberano, es decir, no hay un estado global. Pero el mundo está actualmente gobernado en gran parte por un conjunto de organizaciones, bancos, fondos, tribunales y directorios, cada uno de los cuales está especializado en un área de acción: la seguridad, el desarrollo, la estabilidad monetaria, el comercio, la salud, los derechos humanos, etc. Una gran parte de las tareas de los estados consiste en adoptar y ejecutar decisiones tomadas previamente en esas instituciones internacionales y globales. 

-¿Por qué cree que tienen tanto éxito las teorías conspirativas estilo “el club Bilderberg nos gobierna”? ¿Cuál es su preferida?

-¡Ja, ja, ja! A mi casi me gustaba más lo de la conspiración judeo-masónica, porque al menos los masones y muchos judíos eran liberales. 

- ¿Y quién gobierna el Mundo? ¿O quiénes?

-Por arriba, el Grupo de los Siete y el Grupo de los Veinte, en los que están representados países que incluyen el noventa por ciento de la población mundial, coordinan muchas de las decisiones de las organizaciones especializadas, incluidas las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio y otras cuyos líderes preparan, asisten y participan en las reuniones del directorio de las mayores potencias. El sistema del G-7 es lo más parecido a un gobierno mundial que ha existido nunca. 

-La gran inquietud que suscita una gobernanza mundial es su incompatibilidad con la democracia. ¿Quién lo elige?¿Cómo rinde cuentas?

-Las instituciones globales pueden encontrar una doble legitimidad: de origen y de ejercicio. Por un lado, la democracia local y estatal es una base fundamental de legitimación de las instituciones globales porque los países nombran a sus representantes en ellos y participan en la selección de los expertos. Por otro lado, los dirigentes y altos empleados de las instituciones globales deben rendir cuentas de sus tareas y ser evaluados por sus resultados; de hecho ya lo son, mucho más que la mayor parte de los gobernantes y los altos funcionarios de los estados. 

-Pero los nuevos movimientos políticos en España, y en otros países, parecen apostar por lo contrario. Por una política más participativa y cercana a la gente. 

-Todos los niveles de gobierno son necesarios: local, regional, estatal, europeo y global, cada uno para los temas que corresponden a su escala territorial de eficiencia. Naturalmente, los gobiernos locales están más cercanos a la gente y pueden ser más participativos. Pero la información, la transparencia y el rendimiento de cuentas de las instituciones globales también han aumentado muchísimo en los últimos años; en algunos casos, como el Banco Mundial, son un ejemplo a imitar. 

-A los “expertos” ayer los llamaban “tecnócratas” y curiosamente generaban desconfianza por no estar políticamente definidos. ¿Por qué parece que si alguien no sirve a una idea sólo se sirve a sí mismo?

-En general, los expertos son reclutados con criterios de competencia técnica y honestidad, lo cual contrasta con el reclutamiento de altos cargos en los estados mediante partidismo y afinidades ideológicas. En las instituciones globales no hay lideres mesiánicos ni políticos profesionales de los que se supone que valen para todo; tampoco hay muchos diplomáticos generalistas; abundan, en cambio, los economistas, los juristas, los ingenieros, los médicos, etc., según el tema de que trate cada institución. La gran mayor parte de las decisiones se toman por consenso, tras análisis y discusiones prolongados y pormenorizados. 

-Y sin embargo el viejo estado nación se resiste a morir y brotan nacionalismos e integrismos religiosos por doquier.

-Los estados no morirán, sobre todo porque la gente continúa manteniendo cierta lealtad a la historia y a las ceremonias electorales organizadas por ellos, aunque de hecho están sobredimensionados porque su capacidad real de decisión ha disminuido mucho. Pero yo sería partidario de la separación no solo de la religión y el estado, sino también de la nación y el estado. 

-En el viejo continente, por ejemplo, el antieuropeísmo cobra fuerza. ¿La crisis ha dejado tocado el proyecto de construcción europea? ¿Saldrá de ésta?

-Tras siete u ocho años de crisis, la Unión Europea es más fuerte que antes. La Unión tiene más estados-miembros y más candidatos que antes; el euro no solo no ha quebrado, como algunos predecían, sino que se ha extendido a nuevos países; la Comisión controla ahora la política fiscal de los estados; se ha avanzado en la unión bancaria y el Banco Central Europeo es más activo en promover el crecimiento que lo que se esperaba hace solo un par de años. Estos avances provocan resistencias nacionalistas, tanto a la derecha como a la izquierda. Pero la soberanía nacional ya no existe ni volverá a existir. 

-¿El yihadismo es hoy la principal amenaza para la “paz perpetua”?

-Hay que defenderse del terrorismo, pero también hay que ir al origen del problema. El terrorismo islamista basado en Oriente Próximo se deriva en gran parte de las absurdas fronteras entre estados trazadas arbitrariamente por las antiguas potencias coloniales europeas. Una Unión Árabe con mucha descentralización en poderes locales y grupos étnicos y religiosos podría ayudar a la coexistencia pacífica. 

-Sorprende también leer en su libro que la tan vituperada organización jerárquica de las Naciones Unidas, con sus cinco países con derecho a veto, ha sido en realidad una ventaja que ha permitido que la institución funcionara razonablemente bien...

-La ONU estuvo paralizada durante la Guerra Fría, pero ha funcionado bastante bien en los últimos veinticinco años. Cada tema requiere una distribución distinta de influencia de los países. Sería imposible tratar la seguridad mundial, es decir, la guerra y la paz, con el voto igual para todos los países, digamos China y Estados Unidos con el mismo voto que Liechtenstein o Vanuatu, o si las decisiones se tuvieran que tomar por unanimidad. Las grandes potencias militares son y tienen que ser decisivas para esta cuestión. 

-¿Un mundo multipolar es inevitable? Lo pregunto porque el tantas veces anunciado fin de la hegemonía estadounidense podría haber sido algo precipitado...

-La ex-Secretaria de Estado Madeleine Albright, que ahora es colega mía en la Universidad de Georgetown, acuñó la idea de que “Estados Unidos es la nación indispensable”. En mi libro le añado una enmienda: es cierto que es muy difícil tomar decisiones en las instituciones globales contra la opinión de Estados Unidos, pero tampoco puede tomar decisiones importantes por sí mismo y necesita otros “socios indispensables”. 

-Acaba de constituirse con éxito el Banco de Inversiones Asiático promovido por China que va a competir con el Banco Mundial y pese a los recelos de Estados Unidos. ¿Amenaza a la hegemonía americana?

-Hace cinco años se acordó un cambio en la distribución de votos en el Banco Mundial y el FMI para dar mayor influencia a China, India, Brasil, etcétera, los llamados BRICS, y promover que los países europeos votaran unidos. El poder de voto de Estados Unidos, que es mucho, quedaría intacto. Pero el Congreso estadounidense no ha ratificado todavía el acuerdo. El Banco de Inversiones Asiático promovido por China es una respuesta lógica a ese bloqueo y al control permanente de la rama asiática del Banco Mundial por Japón. Lo curioso es que los mayores países europeos se hayan unido enseguida a la iniciativa porque al final podría ir en perjuicio de Estados Unidos, que no es lo que se esperaba. 

-Se habla mucho del TTIP (mal), de cómo supuestamente provocará que las empresas le tuerzan el brazo a los gobiernos y que será especialmente desventajoso para el estado del bienestar europeo. ¿Es así?

-El Acuerdo debería ser una gran oportunidad para generar crecimiento a los dos lados del Atlántico Norte. Las políticas de bienestar social no se discuten. El mayor escollo hasta ahora ha sido decidir quién sería el árbitro judicial en posibles litigios entre empresas y gobiernos, pero espero que se encuentre una solución. 

-¿Usted cree que el planeta mejora?

-En el mundo actual hay menos guerras que en cualquier momento de los últimos trescientos años, la esperanza de vida es mayor que nunca, hay menos pobres en proporción a la población que nunca y hay más libertad y democracia que nunca. El progreso es global, aunque desigual en unas zonas y otras.

-¿Veremos algún día alzarse el sueño ilustrado de unos Estados Unidos de la Tierra”?

-No creo. Más bien al revés; los estados pueden tomar ejemplo de las actuales instituciones globales y adoptar estructuras más funcionales para distintos temas. De hecho es lo que está ocurriendo con un número cada vez mayor de agencias especializadas, que ya empezó con la independencia de los bancos centrales y ha continuado con agencias de telecomunicaciones, de seguridad nuclear, de protección de datos, etc. Más bien vamos hacia las Agencias Unidas de la Tierra. 

Daniel Arjona, entrevista a Josep M. Colomer: "La soberanía nacional ya no existe ni volverá a existir", el cultural.es, 06/05/2015

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