Psicologia del feixisme.




La definición en que Loewenstein describe el fascismo como una técnica política orientada a la movilización emocional de los ciudadanos puede resultar sorprendente cuando se lee en el siglo XXI, a tres años del centenario de la marcha sobre Roma de Mussolini. Si se observa desde esta misma perspectiva histórica, aún puede sorprender más ver como caracteriza Franz Neumann el núcleo de la propaganda nazi: “Esta es la técnica del nacionalsocialismo: hacer aparecer la acción de un aparato autoritario como la actividad espontánea de las masas”. Como Loewenstein, Neumann es un intelectual alemán de origen judío que ha vivido el proceso que ha llevado a Hitler al poder y que, durante el exilio en EE.UU., mientras el fascismo se expande por Europa, reflexiona sobre este proceso. El pasaje citado puede leerse en Behemot. Estructura y práctica del nacionalsocialismo (1942), el primer estudio en profundidad publicado sobre el nazismo. Justo tras este pasaje, para ilustrar la ilusión que manipula el truco de magia por el que la propaganda hace percibir como surgido del pueblo lo que se ha inducido, Neumann cita un fragmento del Mein Kampf en que Hitler habla de la sugestión de las masas y del papel que pueden interpretar en ella los actos multitudinarios. El fragmento se refiere a la experiencia de los individuos que acaban de sumarse a un movimiento político y participan en estos actos. Describe el efecto psicológico reforzante que actúa sobre quienes por un momento dejan atrás sus vivencias privadas y profesionales y, rodeados de miles de personas que comparten con entusiasmo las mismas convicciones, tienen por primera vez la sensación de formar parte de una comunidad.

Como Loewenstein, Neumann piensa que el fascismo se caracteriza porque usa, en cada momento, las doctrinas que le son más útiles. Esta versatilidad y los sentimientos inflamables que moviliza otorgan a su propaganda una ventaja competitiva respecto a las propagandas de los partidos demócratas, que no pueden despreocuparse tanto como ella de la verdad. Es por ello que Neumann desaconseja combatir el fascismo adoptando unas técnicas propagandísticas, las fascistas, que además transmiten por contacto su fascismo a quienes las utilizan. Su propuesta de combatirlo con políticas que impidan que la propaganda fascista encuentre un terreno abonado donde arraigar aún parece el recurso más sensato en situaciones análogas.

Josep Maria Ruiz Simon, Arqueología de Loewenstein, La Vanguardia 05/03/2019

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