Maquiavel i la democràcia.




En las democracias, los aspirantes a conquistar el poder deben prestar un atención preferente a los espectadores del drama político: los votantes que deciden con su voto. Sentada esta premisa, lo esencial no ha cambiado: todo vale para conquistar al votante. De manera que la política continúa siendo una esfera autónoma donde no rige la moral convencional; en ella encontramos una moral propia que puede confundirse fácilmente con una falta de moral. Pero es más bien una moralidad inversa: Maquiavelo anticipa a Nietzsche cuando sugiere que en la esfera política nada es bueno o malo en sí mismo, sino que un curso de acción será «bueno» o «malo» según si ayuda o perjudica al príncipe en su empeño por obtener o conservar el poder. ¡Moralistas, no hay moral! No es que a Maquiavelo le guste la realidad que describe; es solo que prefiere hacernos partícipes de ella para que sepamos a qué atenernos.

Manuel Arias Maldonado, Espejo de votantes, The Objetive 18/03/2019

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