Plou, però no m'ho crec.



Debemos al filósofo inglés George Edward Moore (1873- 1958) una paradoja especialmente curiosa. Imagínese que su amiga Susi le explica: «Está lloviendo, pero no lo creo». Una frase así suena bastante absurda. ¿Cómo puede afirmar una persona que está lloviendo sin creer, ella misma, que está lloviendo? Según Moore, lo paradójico en el enunciado de Susi no consiste en que sea contradictorio, sino al contrario: es absolutamente coherente desde un punto de vista lógico. Sería perfectamente posible que lloviera sin que Susi creyese que está lloviendo. Imaginemos que Susi se encuentra en una habitación que no dispone de ventanas. En esta situación, otra persona podría comentar sobre Susi: «Llueve, pero ella no lo cree». ¿Por qué la propia Susi no podría establecer esa misma proposición? 

Acaso nos sintamos tentados de objetar lo siguiente: si alguien afirma que está lloviendo, lo que quiere decir es que cree que está lloviendo. Por consiguiente, quien indica «Está lloviendo, pero no me lo creo», en verdad está diciendo: «Creo que está lloviendo, y no creo que está lloviendo», lo que constituye una manifiesta contra- dicción. Sin embargo, esta objeción tiene un fallo. Cada transición de X a «creo que X» modifica el contenido de lo que estamos pensando. Cuando digo «Está lloviendo» hablo del tiempo que hace ahora. Si, en cambio, digo «Creo que está lloviendo» estoy informando acerca de la convicción que tengo ahora. En consecuencia, las dos proposiciones no tienen el mismo significado. De ahí que la frase de Susi no significa que ella crea y no crea que está lloviendo. De esta forma, la paradoja de Moore se mantiene intacta: en apariencia, Susi incurre en una contradicción sin que esté expresando contradicción alguna.

David Hommen, La falta de lógica de la vida, Mente y Cerebro nº 95 2019

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