La ilògica de la imprecisió.



Imagine un montón de arena al que, poco a poco, uno por uno, le va quitando granos de arena. Sin duda, el montón no dejará de ser un montón si usted le quita un único grano de arena. Si un millón de granos de arena constituyen, pongamos, un montón, 999.999 granos constituyen asimismo un montón. Pero ¿qué ocurre si se repite la operación las suficientes veces? Al final del proceso, ¿un único grano de arena constituye todavía un montón? Y si no es así, ¿cuándo dejó el montón de ser un montón?

Las paradojas sorites surgen siempre cuando tratamos con conceptos imprecisos. Estos son conceptos para los que no está fijado, de manera unívoca, un determinado objeto. Siempre permiten casos límites o dudosos. De hecho, casi todos nuestros conceptos cotidianos son más o menos vagos. Esto se debe a la circunstancia de que, a diferencia de los conceptos exactos de la ciencia, nunca han sido introducidos en el lenguaje común por medio de una estipulación explícita. Por el contrario, se han ido estableciendo con el paso del tiempo y se han mantenido según las necesidades. ¿A partir de qué límite alguien es grande o pequeño? ¿Cuándo es alguien calvo o no lo es? Normalmente, de tales clasificaciones no depende nada trascendente. Pero hay situaciones en las que la elección de palabras decide sobre la vida o la muerte: un óvulo fecundado en el útero, ¿es un ser humano o incluso una persona? Un paciente al que acaban de diagnosticar muerte cerebral, ¿está muerto o todavía está vivo? Allí donde los desarrollos tecnológicos o sociales abren nuevos espacios para la acción y el pensamiento, se hacen necesarias nuevas estipulaciones conceptuales. 

David Hommen, La falta de lógica de la vida, Mente y Cerebro nº95 2019

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