"Sempre és més important la pregunta dels nostres fills que la nostra resposta".


Es necesario enfatizar el hecho de que la disposición interrogativa a la que vengo refiriéndome como expresión misma de lo genuinamente humano y que constituiría ya en sí mismo como un embrión de lo que llamamos filosofía, no es en absoluto consecuencia de que el espíritu ha sido previamente enriquecido con datos informativos. La erudición no es el punto de arranque de la interrogación sino más bien al contrario: se buscan datos en razón de la inquietud interrogativa. 
Anton Zeilinger

Un eminente físico de nuestros días, a cuyo nombre se asocian experimentos de un tremendo peso a la hora de intentar entender realmente los mecanismos que rigen el orden natural, confesaba recientemente en San Sebastián y Barcelona su ignorancia en relación a algunos de las referencias clave de la historiografía filosófica, entre ellas algún pensador pre-socrático del que (tras la información sin alma recibida al respecto en los años escolares) había olvidado casi hasta el nombre. Ello no fue óbice para que se sintiera inmediatamente interesado cuando se le dijo que las preocupaciones de ese pensador griego no estaban muy alejadas de sus propias reflexiones sobre las consecuencias de sus descubrimientos en física, reflexiones que con una suerte de inocencia le llevan a responder a una interlocutora: "Me gusta decir, que hay dos libertades: nuestra libertad y la libertad de la naturaleza. Nosotros somos libres de preguntarle a la naturaleza lo que queramos, pero la naturaleza también tiene la libertad de darnos las respuestas que quiera, sin olvidarnos que nuestra pregunta limita las posibles respuestas que la naturaleza puede darnos". 

Lo que homologa a Anton Zeilinger con algunos de los pensadores de la Grecia presocrática es de alguna manera la manera ingenua de abordar las cuestiones más tremendas, las cuestiones literalmente metafísicas, convencido como está de que "siempre es más importante la pregunta de nuestros hijos que nuestra respuesta", y siendo obvio que tras el niño que se interroga no se esconde la motivación del erudito. 

Víctor Gómez Pin, La erudición no legisla, El Boomeran(g), 18/12/2012

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