Canvi social radical contra l´imaginari apocalíptic.
Entonces, ¿qué nos depara el destino? Una cosa es clara: deberíamos acostumbrarnos a un estilo de vida mucho más nómada. El cambio gradual o repentino en nuestro medio ambiente, sobre el que la ciencia puede hacer poco más que emitir advertencias, podría forzar transformaciones sociales y culturales desconocidas. Suponga que una nueva erupción volcánica hiciera inhabitable un lugar: ¿dónde encontrará cabida la gente? En el pasado, los movimientos poblacionales grandes eran procesos espontáneos, llenos de sufrimiento y pérdida de civilizaciones. Actualmente, cuando las armas de destrucción masiva no sólo están en manos de estados sino incluso de grupos locales, la humanidad simplemente no puede darse el lujo de un intercambio poblacional espontáneo.
Lo que esto significa es que se deben inventar nuevas formas de cooperación global que no dependan del mercado ni de negociaciones diplomáticas. ¿Es un sueño imposible?
Lo imposible y lo posible explotan simultáneamente en el exceso. En los reinos de la libertad personal y la tecnología científica, lo imposible es más y más posible. Podemos cobijar la esperanza de mejorar nuestras capacidades físicas y psíquicas; de manipular nuestras características biológicas vía intervenciones en el genoma; de lograr el sueño tecnognóstico de la inmortalidad codificando las características que nos distinguen y alimentando el compuesto de nuestra identidad en un programa computacional.
En lo que respecta a las relaciones socioeconómicas, empero, percibimos nuestra era como una era de madurez y, por tanto, de aceptación. Con el colapso del comunismo, abandonamos los antiguos sueños utópicos milenarios y aceptamos las limitaciones de la realidad - esto es, una realidad socioeconómica capitalista-con todas sus imposibilidades. No podemos participar en actos colectivos grandes, que necesariamente terminan en terror totalitario. No podemos aferrarnos al antiguo Estado benefactor, que impide que seamos competitivos y nos lleva a crisis económicas. No podemos aislarnos del mercado global.
A nosotros nos resulta más fácil imaginarnos el fin del mundo que un cambio social serio. Como prueba, las numerosas películas taquilleras sobre la catástrofe global y la conspicua ausencia de producciones sobre sociedades alternativas.
Tal vez sea tiempo de revertir nuestro concepto de lo posible y lo imposible; tal vez debiéramos aceptar la imposibilidad de la inmortalidad omnipotente y considerar la posibilidad del cambio social radical. Si la naturaleza ya no es un orden estable confiable, entonces nuestra sociedad también debería cambiar si queremos sobrevivir en una naturaleza que ya no es una madre buena y protectora, sino una madre pálida e indiferente.
Slavoj Zizek, El fin de la naturaleza, La Vanguardia, 30/12/2010
http://www.lavanguardia.es/opinion/el-mundo-que-viene/20101230/54095911487/2010-el-fin-de-la-naturaleza.html
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