El joc del Chelsea, el joc del futur.
Digno o no, lo cierto es que es mucho más fácil jugar como el Chelsea que
como el Barça y mucho más plausible para un equipo normal. Para empezar, no se
necesita una plantilla de jugadores capaces de controlar o pasar el balón, de
correr, regatear o incluso pensar. Y ni siquiera hay que estar en buenas
condiciones físicas. Es más, cuanto más grandotes y gordos los jugadores, mejor.
Las sesiones de entrenamiento en este sistema tampoco deberían ser muy largas
por temor a que los jugadores adelgacen (Ángel, El Fideo, Di María no tendría
cabida en este sistema) ni demasiado frecuentes. Con una media horita de
estiramientos el día antes de un partido irían que chutan.
Bueno, a ver... En el nuevo fútbol que pregona el Chelsea tiene que haber un
jugador que sí sea capaz de chutar y correr e incluso de regatear. Uno, nada
más, con quizá un suplente en caso de lesiones. Así que la solución podría ser
que aquel jugador y su sustituto se sometieran a una preparación física
intensiva, tipo Rafael Nadal, al margen de la de los luchadores de sumo que
componen el resto del equipo, la mayor parte de cuyos días los consumirían
jugando a la Play (pasatiempo favorito de la mayoría de los futbolistas
profesionales y otros niños pequeños) o comiendo kentucky fried
chicken.
Esto sí sería una revolución en el fútbol: cada equipo
jugando con una formación 10-1, centro del campo inexistente y goles menos
frecuentes que un hoyo en uno en el golf
Más allá de si el United opta por imitar al Chelsea mañana, la cuestión de
fondo tiene que ser si, dado lo atractivo y ameno de este modelo, lo acabarán
copiando todos los demás equipos. Más aún teniendo en cuenta que estamos en
crisis y que casi todos los clubes, especialmente en España, están endeudados.
Habría que pagar un buen sueldo al jugador que corre y a su suplente, eso sí.
Ahí los clubes se disputarían la contratación de los Didier Drogba, los
Cristiano Ronaldo, los Messi, los Fernando Torres. Pero a los otros 10 del
equipo inicial se les podría pagar un sueldo de funcionario medio o soldado
raso, ya que lo único que tendrían que aprender es a desplegarse de manera
ordenada, como árboles en un bosque, en el área grande y nunca, jamás, pisar
fuera de sus rectangulares fronteras. Es probable incluso que, con el tiempo, el
juego dé un salto evolutivo más y los 10 magníficos se concentren todos en el
área chica a la espera de las embestidas del llanero solitario rival.
Esto sí sería una revolución en el fútbol: cada equipo jugando con una
formación 10-1, centro del campo inexistente (con el tiempo, se podría llegar a
reducir el largo del terreno de juego de 100 a 50 metros) y goles menos
frecuentes que un hoyo en uno en el golf.
Quizá Pep Guardiola ha intuido que este es el fútbol del futuro y por eso
anunció esta semana que se iba. Quizá José Mourinho lo haya visto también y por
eso anunció que se quedaba.
John Carlin, El nuevo modelo a seguir, El País, 29/04/2012
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