Què val una idea?


Steinmetz
El origen de la mayoría de los chistes y metáforas populares es misterioso, pero hay uno bien documentado y es una anécdota aleccionadora y entrañable. A veces sorprendía que alguien con un nombre tan pomposo como Karl August Rudolph Steinmetz fuera socialista y contrahecho, concretamente enano, jorobado y de caderas deformes. Aquel al que muchos consideraban un engendro, no sólo era una magnífica persona sino muy inteligente. Pronto destacó en matemáticas y física pero ¡ay! también en su militancia socialista, lo cual en la Alemania de 1888 no era una fruslería. Finalizando su doctorado tuvo que huir de la policía y tras varios avatares acabó en Estados Unidos. Entonces añadió a sus nombres de pila el de Proteus, cariñoso apelativo que le daba una tía suya inspirada en el jorobado de la Odisea que tan sabio era y tantos secretos guardaba. También había sido ese su nombre de guerra en la clandestinidad.

Steinmetz descubrió nada más llegar a Norteamérica que allí el socialismo tenía un futuro tan aciago como esplendoroso era el de la electricidad. En el dilema sobre la distribución de electricidad por corriente continua o alterna, Steinmetz fue de los que dejaron claro que sólo había una solución: la alterna. Su competencia matemática y técnica hicieron de él uno de los ingenieros eléctricos más codiciados por las grandes empresas. Terminó, con toda lógica, en un puesto destacado de la General Electric Company.

Los ingenieros de Ford andaban locos buscando el fallo persistente de unos nuevos generadores eléctricos que amenazaban la producción. Ford apeló a la General y le enviaron al que terminarían llamando “pequeño gigante”. Steinmetz rechazó toda ayuda y pidió sólo un lápiz, un cuaderno y un camastro. Tras dos días con sus noches calculando, pidió una cinta métrica, una escalera y una tiza. Subió trabajosamente por la escalera apoyada en un generador, midió cuidadosamente con la cinta y trazó una marca con la tiza en la carcasa. Ordenó a su extrañada audiencia que a la bobina interna más cercana a aquella marca le quitaran 16 espiras. El generador funcionó perfectamente. Cuando Henry Ford recibió la factura de General Electric por 10.000 dólares firmada por Steinmetz, estuvo conforme pero solicitó que la detallara un poco más. Y entonces surgió el chiste que seguramente el lector ha escuchado en otras versiones. En la nueva factura se desglosaba el coste: por hacer una marca de tiza, 1 dólar; por saber dónde hacerla, 9.999 dólares.

Manuel Lozano Leyva, La marca de tiza, Público, 24/12/2011

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