La sacralització dels fets.
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| Ernest Bloch |
Resulta sintomático, dicho sea de paso, que estos apóstoles de la realidad solamente exhorten al acatamiento de lo real cuando esa realidad coincide con su propia ideología. La llamada "muerte de las ideologías" sólo se refiere a las ideologías ajenas: la propia goza de tan buena salud que en adelante se identifica con la verdad misma, de tal modo que cualquier disentimiento se convierte en delirio. (...)
Suponer que esta realidad es irreversible y debe ser acatada para asegurar el progreso social y económico implica una profunda desconfianza en las posibilidades de la condición humana y una visión determinista de la historia, cuyo economicismo sobresaltaría al mismo Marx. Si en los tiempos de la Revolución Francesa se hubiera aplicado la ley histórica del "acatamiento" probablemente seguiríamos en el Antiguo Régimen, gobernados por los absolutismos de turno. Pero el modelo imperante de globalización está generando un absolutismo de nuevo cuño, menos explícito en la medida en que es anónimo: si en el siglo XVIII la cabeza de Luis XVI representaba de algún modo el poder, hoy este poder se distribuye entre compañías transnacionales, brokers y lobbies de rostro desconocido, cuyo dominio se apoya precisamente en ese anonimato. Suponer que este modelo guarda alguna relación con la democracia, que por definición se supone un sistema público y en el cual el ciudadano de a pie goza de cierta participación, es llevar el fundamentalismo ideológico demasiado lejos.
"Lo que es, no es verdadero", decía Bloch. La realidad no son los "hechos", cuya misma etimología prueba su inexistencia: nada está terminado, acabado y completo. Sólo pagando el precio de una formidable abstracción podemos confundir la realidad con la situación que nos ha tocado vivir. Si la historia humana se distingue de la historia natural es precisamente por su carácter cambiante e imprevisible, donde cada momento está preparando realidades nuevas y donde el ser humano goza de un privilegio del que carecen los animales: el derecho a disentir. El fin de la historia que nos han anunciado algunos profetas del fundamentalismo liberal es lo más parecido al fin de la especie humana.
Augusto Klappenbach, Lo que es, no es verdadero, El País, 17/02/2001
http://www.elpais.com/articulo/opinion/verdadero/elpepiopi/20010217elpepiopi_10/Tes?print=1
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