Intuïcionisme moral.





Uno de los pioneros modernos del intuicionismo ético, el filósofo inglés G. E. Moore, es hoy recordado especialmente por su discusión de lo que él llamó la "falacia naturalista". Muchos antes que él, argumentaba, habían cometido el error de intentar reducir las propiedades morales a naturales, es decir, por ejemplo, los primeros utilitaristas intentaron definir el "bien" como "aquello que promueve la felicidad". Pero tal razonamiento está condenado al fracaso, según las perspectiva de Moore, porque siempre hay una pregunta abierta y significativa que plantear: "Está bien, pero ¿lo que promueva la felicidad es en sí bueno?". En otras palabras, analizar la bondad en términos de alguna propiedad (felicidad, placer, obligación, etc.) solo transferirá el problema a esa otra propiedad. Intentar explicar la bondad en términos de otra cosa es tan infructuoso como intentar describir el color amarillo a una persona ciega. Solo podemos explicar qué es el color amarillo señalando algo y diciendo "Esto es amarillo"; del mismo modo, en el caso de la bondad, solo podemos señalar algo y decir "Esto es bueno".

La bondad y otras propiedades morales, por tanto, no pueden definirse, analizarse o identificarse con nada más; tampoco pueden comprobarse como los hechos físicos de la ciencia. Solo la intuición puede llegar a atisbarlas (nuestra capacidad innata para comprender que ciertas cosas son valiosas por sí mismas). Entre las cosas que la intuición puede vislumbrar de esto modo, el propio Moore incluía la amistad y la belleza. Reveladoramente, sin embargo, otros  intuicionistas señalaron otras cosas no menos valiosas y no menos autoevidentes, por lo que tamaña falta de acuerdo amenaza la credibilidad del enfoque intuicionista. 

Ben Dupré, 50 cosas que hay que saber sobre Ética, Ariel. Editorial Planeta, barcelona 2014

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