Ciutadania i humiliació.




La paradoja pos-1989 es que los europeos del Este teníamos mucho interés en adoptar ese modelo. La palabra clave era normalidad. Ser normales significaba ser occidentales. No era solo una demanda que viniera de fuera y tal vez por eso, la población no percibió el momento en el que la imitación empezó a generar resentimiento. Conocemos este fenómeno por la segunda generación de inmigrantes. La primera generación viene y está feliz de poder hacer lo que hacen los nativos, quieren parecerse a ellos y eso se percibe como un éxito. La segunda generación empieza a interpretar esa misma situación como una humillación, se sienten ciudadanos de segunda. Cuando aspiras a ser como otro, eso significa que reconoces que eres inferior. Aunque sea lo que tú querías, hay un momento en el que empiezas a hablar de tu identidad. 

La gente entendió que con idiomas, si había una crisis podías emigrar y encontrar un trabajo fuera. Hablar idiomas era algo valorado, también en los políticos, pero luego vinieron los populistas y dijeron: la sociedad no es una escuela, la sociedad es una familia y yo me preocupo por ti no porque hayas hecho méritos, sino porque eres uno de los nuestros. Puede que yo no sea tan competente ni hable idiomas como esos liberales, pero ellos se terminarán yendo y yo me voy a quedar aquí. Ese es un mensaje muy potente. Además, Europa central y del Este es muy homogénea desde un punto de vista étnico y de edad. Envejeces, no eres muy rico y no te relacionas con gente que no es como tú porque ya no necesitan favores de ti. Hablamos además de países pequeños que temen la desaparición étnica, de sus lenguas.

La gente del Este de Alemania recibió muchísimo dinero, pero no se trata solo de dinero. Vieron cómo los alemanes del Oeste se volcaban con los refugiados sirios, escuchaban sus historias. Y en el Este pensaban, sí, igual yo recibo más dinero, pero también menos empatía y afecto. A los refugiados se les reconocía como víctimas y a los ciudadanos de la RDA no; sentían que les arrebataban su papel. Y eso pasa también con los partidos populistas, que incluso estando en el gobierno psicológicamente se comportan como víctimas, como si estuvieran en la oposición. Si eres una víctima puedes permitirte comportarte como un villano.

Ana Carbajosa, entrevista a Ivan Krastev: "Pasamos de una república de ciudadanos a una república de fans", El País 17/11/2019

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