Procés i postmodernitat.




Hay unas peculiaridades del procés que son muy posmodernas: por ejemplo que la violencia no fuera explícita y que el independentismo la utilizara esperando la respuesta del otro lado.

Funciona como el vaciado en las esculturas de Pablo Gargallo. También es muy posmoderna esa ambigüedad que el independentismo mantiene: cuando algo funciona es imparable y cuando no funciona siempre se puede negar y dejarlo en un terreno simbólico.

Siempre es mucho más fácil argumentar contra el statu quo, aunque defender la Constitución no quiere decir que estés satisfecho con el estado de las cosas o que seas contrario a las reformas. Pero siempre tienes una cierta ventaja propagandística cuando defiendes una utopía frente a alguien que te habla de reformas graduales. Entre otras cosas porque la utopía del independentismo es inconcreta y cada uno proyecta sus deseos en ella. Para unos la república sería bussiness friendly y para otros, anticapitalista. Cuando defiendes una utopía no tienes que negociar tanto con las chapuzas existentes porque lo vas a cambiar todo.

Fue como la rebelión de los obedientes. Se decía que iba a encontrar una resistencia terrible y al final fue como la ley antitabaco, que se decía que jamás se iba a dejar de fumar en los bares y a los tres días ya nadie fumaba. Es el doble filo de la prosperidad. La falta de memoria del sufrimiento lleva a jugar con la revolución pero la prosperidad actúa también como un freno. La renta per cápita es alta y tú no quieres romper el escaparate de la tienda, que además es de tu tía.

Es como el chiste del matrimonio. El marido se enfada, hace la maleta y al salir ve que llueve, se empapa y decide volver a casa. Cuando la mujer le dice: "Has vuelto", él le responde: "No pasa un puto taxi". Cataluña quiso irse pero no pasa el taxi de la Unión Europea, ni el de los mercados y llueve demasiado. A veces es muy agradable la sensación de estar haciendo historia. Hay un componente emocional muy claro y una apelación a la sentimentalidad que te facilita no reconocer la realidad porque las cosas no son lo que son sino como las sientes.

Hay una frase de Tzvetan Todorov que me gusta mucho: "Nadie quiere ser una víctima pero todos quieren haberlo sido". Cuando eres una víctima, siempre se te debe algo y la línea de crédito es infinito. Estos días estoy releyendo La cultura de la queja de Robert Hughes. Es un libro que tiene 25 años y ya dice todo el mundo se siente víctima. Tanto era así que estaba apareciendo una nueva clase de víctima que es el varón blanco americano.

Rafa Latorre, entrevista a Daniel Gascón: "Lo del 155 fue como la ley del tabaco: la rebelión de los obedientes", mundo.es 02/06/2019





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