La globalització i les armilles grogues (Christophe Guilluy)


Hasta la década de 1980, la mayoría de los empleados (trabajadores, profesiones intermedias, gerentes) estaban integrados económica, social y culturalmente. Todas estas categorías tenían la sensación de pertenecer a la clase media, que era mayoritaria porque nos encontrábamos en un proceso de ascenso social. Todo cambió con la aparición del modelo económico globalizado y la división internacional del trabajo, que conllevó una desindustrialización masiva y la precarización de algunos puestos de trabajo. Desde entonces, hemos sido testigos de un lento proceso de salida de la clase media de aquellas categorías sociales que ya no están integradas en el modelo económico.

Comenzó con los obreros, siguió después con los campesinos que perdieron sus empleos con la desindustrialización y continuó con los empleados y los cuadros intermedios de algunos sectores profesionales. Este desarrollo está vinculado a la polarización del empleo, y por un lado tenemos grupos profesionales bien retribuidos y por otro empleos precarios y mal remunerados. Es constatable que la mayoría de las categorías sociales que ayer fueron la base de la clase media se han fragilizado. Ya no están económicamente integradas y se sienten relegadas culturalmente. Por eso estoy hablando de la desaparición de la mayoría de la clase media.

En el conjunto de los países occidentales, estamos asistiendo a una recomposición social de las clases trabajadoras. Estas categorías no tienen conciencia de clase, pero comparten una percepción común de los efectos de la globalización. Hoy en día, los trabajadores (que antes votaban a la izquierda), los campesinos (que antes votaban a la derecha) o los empleados comparten la misma precariedad social y la misma relegación geográfica y cultural. Por primera vez en la historia, las clases trabajadoras ya no viven donde se crean la riqueza y el empleo. Esta situación conlleva una importante recomposición política y cultural en el seno de las clases populares, que han tomado conciencia de ser las perdedoras del modelo económico globalizado.

A fines de la década de 1980, el historiador estadounidense Christopher Lasch habló de la secesión de las élites. Hoy el proceso ha llegado mucho más lejos, conformando unas clases altas que han generado una ruptura cultural y geográfica con las clases trabajadoras.

Hoy en día, las capas superiores se repliegan en metrópolis que se parecen cada vez más a ciudadelas medievales. Encerrados en su burbuja cognitiva, abandonaron el bien común y denominan “deplorables” a las clases populares. Esta situación significa que las categorías populares, que ayer fueron la base de la clase media, ya no son referentes culturales, sino personas a las que uno no se debería parecer. El problema es que no se puede 'hacer sociedad' excluyendo a las clases populares mayoritarias. Este modelo no es socialmente sostenible ni duradero.

Esteban Hernández, "Los chalecos amarillos estarán ahí durante 100 años. Van a llegar a España" (Christophe Guilluy), El Confidencial 19/06/2019

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