La imatge facial s'ha convertit en una dada.



La tecnología de reconocimiento facial mapea concentraciones humanas, o casos aislados en la calle (o en otros lugares como los aeropuertos, los estadios de fútbol, grandes conciertos o manifestaciones de protesta), y luego compara esas caras con unos bancos de datos de imágenes, que pueden incluir sospechosos, personas desaparecidas o buscadas por la policía por pequeños o grandes delitos. Pero al hacerlo, la cara queda registrada. No es una simple huella dactilar. Ni siquiera la información sobre el ADN (que también plantea enormes problemas de control a medida que más gente ordena análisis sobre su genoma), sino datos utilizables en tiempo real —pues la imagen facial se ha convertido en un dato— en detrimento de la privacidad.

Andrés Ortega, Me quedo con tu cara, El País 08/06/2019


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