La debilitat està al costat de la majoria (Simone Weil).




Puesto que la mayoría obedece, y obedece hasta dejarse imponer el sufrimiento y la muerte, mientras que la minoría manda, esto indica que no es cierto que el número sea una fuerza. El número, por más que la imaginación nos lleve a creer otra cosa, es una debilidad. La debilidad está del lado en que se tiene hambre, en que hay extenuación, donde se suplica, donde se tiembla, no del lado donde se vive bien, donde se conceden gracias, donde se amenaza. El pueblo no está sometido aunque sea mayoría, sino porque es mayoría. Si un hombre lucha en la calle contra veinte, sin duda acabará muerto en el suelo. Pero a una señal del hombre blanco, veinte culis anamitas pueden ser golpeados a bastonazos, uno tras otro, por uno o dos capataces.

La contradicción no es quizás más que aparente. Sin duda los que ordenan son siempre menos numerosos que los que obedecen. Pero precisamente porque son poco numerosos forman un conjunto. Los otros, precisamente porque son demasiado numerosos, son uno más uno más uno, y así sucesivamente. De este modo, el poder de una ínfima minoría se basa a pesar de todo en la fuerza del número. Esta minoría prevalece con mucho en número sobre cada uno de aquellos que componen el rebaño de la mayoría. No hay que concluir de ello que la organización de las masas invertiría la relación, pues esa organización es imposible. No se puede establecer cohesión más que entre una pequeña cantidad de hombres. Más allá de eso, no hay más que yuxtaposición de individuos, es decir, debilidad. 

Simone Weil, Meditación sobre la obediencia y la libertad (1937), Escritos históricos y políticos, Editorial Trotta, Madrid 2007
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