Estat d'ànim i valoracions morals.



Nos gusta creer que nuestros valores morales son coherentes, sin embargo, pueden ser tan mudables como el estado de ánimo. Diversas investigaciones han demostrado que esos juicios están al albur de las emociones y las percepciones fortuitas. Una persona puede volverse más moralista si se siente sucia o contaminada porque, por ejemplo, en su entorno hay alimentos enmohecidos. Una serie de estudios ha revelado que hippies, obesos y vagabundos reciben trato discriminatorio ya que tienden a causar rechazo.

Los investigadores pidieron a una serie de voluntarios que leyeran párrafos breves sobre personas que incurrían en actos que pueden considerarse indecentes: veían pornografía, decían palabrotas o eran desordenadas. Algunos textos describían a esos individuos ficticios como hippies, obesos o vagabundos. Según publicó el Journal of Experimental Psychology: General, los probandos juzgaron con mayor dureza a dichos grupos sociales. A través de cuestionarios, los autores hallaron que el sentimiento de aversión sesgaba la valoración de los probandos.

Una serie de estudios de seguimiento apoyan esa relación. Entre otros fenómenos, se ha observado que esos mismos colectivos sociales reciben una estimación mayor en el caso de tratarse de virtudes de pulcritud, como mantener ordenado y limpio su cubículo. Si la transgresión en cuestión no implicaba «suciedad» (como no dejar propina), la diferencia de juicio desaparecía. «Las personas dan por hecho que sus juicios se fundan en valores universales e importantes», explica E. J. Masicampo, psicólogo social de la Universidad Wake Forest y director del estudio, «pero puede ser suficiente mencionar que una persona está gorda para sesgar sus opiniones. Las emociones viscerales se disparan.»

Los investigadores indagaron esos efec­tos también en el mundo real. Tras analizar los archivos de la policía urbana de Nueva York correspondientes al período de 2004 a 2013 concluyeron que entre los sospechosos identificados por una infracción de «conducta impropia» (drogas, prostitución u obscenidad), las personas obesas presentaban una mayor proba­bilidad de ser arrestadas o recibir una citación judicial. La posibilidad de castigo aumentaba en un 1 por ciento por cada punto en el índice de masa corporal. Masicampo prevé investigar si la policía efectúa más detenciones cuando llega la temporada de gripe, al pensar en infecciones.

Trabajos anteriores apuntan que dichos sesgos inconscientes pueden perder su efecto si se toma consciencia de ellos. Los investigadores confían en que si se advierte a las personas de sus prejuicios relacionados con la «decencia» se logre un trato más ecuánime con las personas estigmatizadas.

Mattew Hutson, El sentimiento de aversión influye en los prejuicios, Mente y Cerebro, Mayo/Junio 2015

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