Posteconomia (entrevista a Antonio Baños).


Antonio Baños
El periodista Antonio Baños defiende en su último libro Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal (Libros del Lince, 2012) que hay muchos paralelismos entre la Edad Media y el tiempo que nos ha tocado vivir.Asegura que su trabajo no es un ejercicio de política-ficción, ni siquiera una predicción: se trata más bien de una metáfora para intentar explicar que en muchos aspectos, vamos para atrás.

-En su libro establece muchas semejanzas entre la Edad Media y nuestro tiempo. ¿Cuál sería la más instalada y quizás la menos evidente?
-Por poner un ejemplo, la medida del tiempo. Vivimos en un presente perpetuo, un concepto muy medieval, vivimos en el “ya”, hay que hacerlo todo ya, tomar decisiones ya, todo cambia a una velocidad de vértigo
.
-¿Qué es la post-economía?
-La economía ya no es lo que era, es incapaz de cumplir con una de sus funciones básicas: prever lo que va a suceder. Y no puede precisamente por la velocidad a la que va todo, por eso yo hablo de posteconomía, que no es más que lo que los expertos denominan “economía el caos”.

-El subtítulo del libro, “Hacia un capitalismo feudal”, también da juego...
-Sí, pero no es nada descabellado. Lo vemos muy claramente en la composición de la sociedad y en el papel protagonista que ha adquirido la economía. Fíjese que ha influido hasta en nuestra forma de hablar: gestionamos emociones, rentabilizamos el tiempo... ¡Han influido en nuestra cotidianeidad, en nuestra forma de hablar!

-Dice en su libro que la sociedad también se transformará en una sociedad medieval y que ya lo estamos viendo. Y que la economía es la nueva religión. ¿Qué papel le queda entonces a la iglesia en esta nueva Edad Medieval?
-La economía se ha convertido en un dogma y una iglesia al mismo tiempo. Es ese tipo de doctrinas que priman el dogma por encima de la espiritualidad o la duda. Estaríamos en un proceso parecido al paso de la patrística a la escolástica, cuando los pensadores cristianos dejaron de preguntarse qué era lo bueno y pasaron a ordenar a los demás que hicieran lo que ellos consideraban bueno. La espiritualidad regresará, volverá como espacio de libertad íntima, en busca de una vida más noble, para buscar la libertad del espíritu dentro de la conciencia humana porque fuera, en el mundo, solo encontraremos ofertas de smartphones.

-¿Quién es el rey en esta nueva Edad Media? ¿O en este ámbito no hay metáfora?
-En los primeros siglos de composición del estado feudal, que arranca claramente con la decadencia romana, los reyes no son más que primus inter pares. De hecho, en Catalunya no teníamos rey puesto que el cargo máximo era un princeps, el primero entre todos los condes de igual rango.  Los nuevos señores “deudales” no necesitan rey. Están asegurando sus dominios, bien sea a partir de clientes, de concesiones para explotar servicios o infraestructuras o bien para el control y gestión de todo tipo de tráfico: automóviles, bonos, cultura, genoma... No creo que llegue a aparecer un rey Arturo pero por su puesto que sí que existe la mesa redonda y sus caballeros: Davos, eurogrupo, G20, Bilderberg...

-¿Durará también mil años?
-Ja, ja, ja…  ¡Hoy en día nada dura mil años! Lo que yo describo en el libro es una metáfora de una sociedad que está en construcción. Un servidor, que es muy poco hegeliano y menos marxista en cosas de la historia, no cree en absoluto que éste sea un proceso irreversible. Precisamente el objetivo del libro es advertir que existen unas “ideas-fuerza” muy feudales para intentar cortocircuitarlas. De todas maneras hay que recordar que la Edad Media estuvo en constante rebelión contra los señores… ¡Así que hay faena para rato!

-¿Cuáles son los aspectos o modos de funcionar positivos que sí debemos quedarnos?
-En el libro cito a Guibert de Nogent, un escritor del siglo XII que estaba escandalizado porque los campesinos se habían organizado en comunas que se permitían pasar de pagar a los señores. La Edad Media es también la edad del ius peregrinandi, de la libertad de movimientos de personas sin pasaportes ni estados. Los tiempos de los goliardos eran sociedades que tenían más de 100 días de fiesta al año... En fin, que entonces, como ahora, no todo era oscuro. Las formas positivas están en recuperar lo comunitario, expresarlo en la autonomía, la asamblea, la libertad de criterio superando la horrible idea de liderazgo y obediencia.

Baños no deja ni un segundo de lado el sentido del humor, pero habla de conceptos muy serios. En su libro conviven citas de Los Simpsons con otras de Ovidio o de Giordano Bruno, pero tal como constató en su presentación el medievalista de la Universitat Autònoma de Barcelona, Daniel Rico, “sus comparaciones no son disparatadas, tienen mucho sentido”. Incluso aquellas en las que equipara al emprendedor con la figura del caballero andante o a los think tanks con los cenobios custodiados por sacerdotes. Y tiene muy claro que el humor es un medio, no un fin en sí mismo.

-¿Por qué reivindica el humor para explicar la economía con la que está cayendo?
-La seriedad, que no la objetividad ni la racionalidad, es la única carta que tiene el discurso sistémico en temas económicos. La falta de seriedad, que no de rigor, pretende abrir ese universo sacerdotal y secreto del verbo de los economistas y ventilarlo, exponerlo al público para que vean que sólo hay pomposidad y, como diría Valle Inclán, “Divinas palabras”.

-¿Por qué dice en el apartado que le dedica a las soluciones que ahora es mejor no hacer nada?
-Yo abogo por resistirse. En nuestro tiempo, todo el sistema nos incita y nos obliga a  la acción constante. Se trata de una gran trampa para que la acción nos hurte la reflexión. Por eso yo propongo resistirse, negarse a hacer para ponerse a pensar primero y desobedecer después. Al capitalismo no se le puede confrontar así a la brava. No te puedes oponer a él porque te absorbe, no hay más que ver como los hipis, los punks o el ecologismo han sido movimientos que han acabado deglutidos por lo publicitario-capitalista.

-¿Y qué propone?
-Vivir de una manera moral y justa, siendo feliz con cosas que no tengan precio La economía se ha convertido en un dogma y una iglesia(o valor), deseando más pero consiguiendo menos, bebiendo agua del grifo, llamando desde el fijo, remendando los pantalones… Descreer es el primer y gratuito acto subversivo al que debemos acogernos. Pero eso sí, siempre de manera comunitaria, socializada, alegre y generosa. 
  
-Dice usted que los economistas tienen que dar miedo para que les escuchen. ¿No ha jugado un poco a lo mismo anunciando la Edad Media que está por venir?
-(Risas) Hay un poco de marketing en esa actitud y sí, yo he jugado también un poco a eso. Pero sí, parece que para que hoy se les escuche, los economistas deben traer el apocalipsis consigo, un apocalipsis que por otro lado, es muy plausible. Pero volviendo al concepto de seriedad, el economista, como buen sacerdote esotérico, crea más misterio que tranquilidad, genera más dudas que respuestas, haciéndose así imprescindible su concurso para que la gente pueda interpretar el mundo y sus signos, sea el hígado de una oveja o la cotización del bono alemán, que a estas alturas viene a ser lo mismo.

Silvia Cruz, "La economía se ha convertido en un dogma y una iglesia", entrevista a Antonio Baños,  La Vanguardia, 20/06/2012

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