El principi de legalitat i la llibertat.



Piero Calamandrei en Sin legalidad no hay libertad aborda el principio de legalidad presentándolo como condición necesaria para la existencia de la libertad política y solo posible cuando la regla precede a la acción. Este principio protege de los daños de la incertidumbre del derecho, calificado por Beccaria como “el más cruel verdugo de los desdichados”. Es “la certeza del derecho, o sea, posibilidad práctica para cada uno de conocer, antes de obrar, cuáles son las acciones [...] que puede realizar para ejercitar su libertad sin violar al mismo tiempo la libertad ajena”.

El principio de legalidad no es ilimitado. La estructura que le sirve de contención la componen los derechos de libertad que representan el respeto a la dignidad humana: “el liberalismo puede modificar todas las leyes [con tal de que se respete el procedimiento legislativo] menos las puestas a priori como condición necesaria para el respeto de la libertad”. Para definir esos límites que ningún legislador puede sobrepasar, explica Calamandrei, se crea en las distintas constituciones una “especie de superley”: la ley constitucional.

Esta idea de libertad, señala el autor, está intrínsecamente ligada a la de democracia y a la de legalidad. A la primera porque los derechos de libertad no se refieren solo a la autonomía individual, sino también a la libre participación en la vida política a través de la representación, del voto y de la propia opinión que, junto con la del resto de los ciudadanos, termina siendo consagrada en las leyes. A la segunda porque la autoridad de las leyes emana “de la convicción moral de que la ley expresa una libre competición de opiniones” y “permite al opositor [...] poder invocar mañana, en su propio favor, el mismo respeto a las reglas del juego que hoy se hace valer frente a él”.

Elena Alfaro, Sin ley no hay libertad: por qué no podemos vivir sin Estado de derecho, Letras Libres 24/09/2019

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