Robots i llibertat.




Sartre
Los robots no son nuestros semejantes, por más que se parezcan cada vez más a nosotros. Ser persona significa tener libertad, intención, voluntad, conciencia y un montón de cosas más. Tener libertad significa no estar programado. Cuando Sartre escribió que la tragedia de la vida humana es que estamos condenados a la libertad, quería decir que no estamos programados. El libre albedrío, nuestra autonomía, nos constituye como seres humanos y al mismo tiempo nos hace responsables de nuestros actos. Con todas nuestras limitaciones sociales, culturales y cognitivas, somos libres para decidir cómo nos enfrentamos a la vida y para tomar nuestras decisiones éticas. Cuando la cigüeña emigra no elige emigrar, simplemente está programada para ello: el instinto hace las veces de software animal. El instinto no elige, obedece. Por eso todos recordamos los magníficos versos de Alberti: "Se equivocó la paloma, se equivocaba; creyó que el norte era el sur", etc. Su fuerza literaria estriba en que la mera idea de que el instinto animal se equivoque, -se desprograme, por así decirlo- significa un vuelco brutal en las leyes del comportamiento animal: las palomas, sencillamente, no se equivocan. A los robots les ocurre algo similar, de ahí que no puedan ser juzgados como responsables de sus actos. A lo sumo, y en los casos más desarrollados de inteligencia artificial, lo que harán será procesar información, combinar variables, aplicar algoritmos... E incluso aunque lleguen a elegir entre distintas opciones, todo estará acorde a una programación realizada por seres humanos o, en el futuro, por otras máquinas.

Irene Lozano, Cómo amaría Kant a un robot, el mundo.es 18/05/2017

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