Referèndum, el mal menor.
Ante una situación tan compleja, lo razonable, atendiendo
únicamente a consideraciones democráticas, es que el pueblo catalán se pronuncie
en un sentido o en otro. Una demanda de secesión es un asunto muy grave y, si se
lleva a la práctica, se trata de un proceso de amputación irreversible del
Estado original. Una decisión tan trascendente no puede tomarse simplemente
mediante negociaciones entre los representantes. Es preciso que el pueblo se
defina en torno a una pregunta clara, consensuada y sin trampa.

Desde luego, los referéndums no son la solución perfecta y en mi
libro Más
democracia, menos liberalismo (Katz, 2010) he examinado muchas de las
objeciones que habitualmente se plantean. No obstante, una vez examinadas las
críticas, creo que el referéndum sigue siendo la solución menos mala desde el
punto de vista democrático.
El resultado del referéndum no cierra la cuestión de la
independencia. Si gana el no, la demanda debe quedar hibernada un tiempo
considerable. Si gana el sí, es necesario iniciar negociaciones al más alto
nivel entre fuerzas políticas catalanas y españolas para gestionar en qué
condiciones y con qué garantías se puede llevar a cabo la separación.
Las razones que presento aquí sobre el referéndum no tienen nada
que ver con mis preferencias personales sobre si deseo que Cataluña permanezca
en España o se constituya en un Estado nuevo. Son muy distintas, por tanto, de
las razones a favor del mismo que suelen ofrecer los independentistas, así como
de las razones de quienes se oponen al referéndum simplemente porque se oponen a
que Cataluña se marche.
A mi juicio, los socialistas catalanes podrían encontrar una
posición propia defendiendo un referéndum por razones no nacionalistas, sino
democráticas. Entre los partidos nacionalistas catalanistas (CiU y ERC) y el
partido nacionalista español (PP), el PSC podría defender una posición
democráticamente impecable, según la cual el referéndum es preciso para encauzar
y procesar una demanda política que, en el momento actual, goza de un apoyo
popular considerable.
Por descontado, un partido catalán como el PSC no podría quedarse
en una posición puramente procedimental. Si llegara a convocarse el referéndum,
tendría que tomar una posición al respecto. Curiosamente, si su apoyo al
referéndum no tiene otro fundamento que el democrático, podría plantear una
postura condicional, según la cual el voto final dependería de la respuesta que
diese el Gobierno español. En caso de que el Gobierno estuviera dispuesto a
abrir una reforma constitucional profunda, en la línea federal, podría
recomendar el voto en contra en el referéndum; pero si el Gobierno se refugiara
en la Constitución de 1978 para no moverse, podría dar su voto a favor de la
secesión.
No hay nada incoherente en promover un referéndum por razones
democráticas y decidir la postura en dicho referéndum en función de si el
Gobierno se hace eco de las demandas de buena parte de Cataluña y acepta
negociar sobre ellas o si se cierra en banda. Al revés, creo que, en estos
momentos, es la única posición razonable.
Ignacio Sánchez Cuenca, ¿Se puede apoyar un referéndum de secesión sin ser independentista?, eldiario.es, 03/10/2012
http://www.eldiario.es/agendapublica/puede-apoyar-referendum-secesion-independentista_6_52554748.html
http://www.eldiario.es/agendapublica/puede-apoyar-referendum-secesion-independentista_6_52554748.html
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