El principi utilitarista és una noció sense cap sentit clar.
John Stuart Mill acertaba cuando aseguró que la concepción benthamiana de la felicidad necesitaba ser ampliada: en El utilitarismo intentó hacer una distinción clave entre «placeres elevados» y «placeres inferiores»; (...) Pero el efecto de estas correcciones es sugerir (lo que ningún benthamiano por reformado que estuviese concederla) que la noción de felicidad humana no es una noción unitaria simple y que no puede proveernos de criterio para nuestras decisiones clave.
... ¿qué placer, qué felicidad debe guiarme? Porque hay demasiadas clases diferentes de actividad placentera, demasiados modos diferentes de obtener la felicidad. Y placer o felicidad no son estados mentales para cuya obtención esas actividades y modos sean sólo medios alternativos. El placer-de-tomar-Guinness no es el-placer-de-nadar-en-la-playa-de-Crane, y nadar y beber no son dos medios diferentes de alcanzar un mismo estado final. La felicidad propia del modo de vida de un claustro no es la misma felicidad que la característica de la vida militar. Los diferentes placeres y las diferentes felicidades son inconmensurables en sumo grado: no hay escalas de cantidad y calidad con que medirlos. Por consiguiente, apelar al criterio del placer no me dirá qué hacer, si beber o nadar, y apelar al de felicidad no podrá decidirme entre la vida de un monje o la de un soldado. (89)
… si la perspectiva del propio placer o felicidad futuras no puede, por las razones que he apuntado, proveer de criterios para resolver los problemas de la acción de cualquier individuo, resulta que la noción de la mayor felicidad o la del mayor número es una noción sin ningún contenido claro en absoluto. Es un pseudoconcepto útil para múltiples usos ideológicos, pero nada más que eso. (90)
Alasdair MacIntyre, Tras la virtud, Barcelona, Editorial Crítica 1984
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