La immortalitat com a degradació de la vida.


Borges, en “El inmortal”, exaltó la importancia de lo azaroso e irrecuperable en la vida humana. Por ello describió el horror de una humanidad salvaje sometida a la más espantosa de las enfermedades: la inmortalidad. Los inmortales aparecen como unos seres en cuya existencia eterna todo cuanto suceda se repetirá en algún momento, pues nada puede ocurrir en una sola ocasión. Cualquier pensamiento, acto o emoción ineludiblemente se repetirá. Todo será recuperado y volverá como una inescapable maldición. El cuento de Borges se inicia con una cita de Francis Bacon: el filósofo recuerda que Salomón había afirmado que no hay nada nuevo en la Tierra, por lo que todo conocimiento no es más que un recuerdo. Así, toda novedad no es más que un olvido (“Sobre la vicisitud de las cosas”, en sus Ensayos).

El protagonista de la narración de Borges emprende la búsqueda de la Ciudad de los Inmortales, quienes han logrado la vida eterna gracias a las aguas del “río secreto que purifica de la muerte a los hombres”. Cuando llega allí descubre “un arroyo impuro, entorpecido por escombros y arena”. En la arena encuentra unos “mezquinos agujeros” de los que emergen “hombres de piel gris, de barba negligente, desnudos”. Son los trogloditas, una estirpe bestial que infesta la región. En realidad estos seres salvajes son los tan buscados inmortales, quienes han destruido su antigua ciudad y con sus ruinas han erigido otra urbe, una “suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo”. Los trogloditas acabaron viviendo en cuevas una vana inmortalidad.

Me parece que Borges tomó de Swift la idea de los desdichados y miserables inmortales (aunque lo negó en una entrevista con Richard Burgin). Swift cuenta la historia de Gulliver y su llegada al reino de Luggnagg; allí se entera de que hay unos seres inmortales llamados struldbrugs. Aunque son despreciados por los luggnaggianos, estos inmortales son al comienzo admirados por Gulliver, pues se imagina a unos seres que “nacidos exentos de la universal calamidad de la naturaleza humana tienen sus mentes libres y despejadas, sin el peso de la depresión de ánimo que causa la continua aprensión de la muerte”. Le explica a los luggnaggianos que él desearía la inmortalidad de los struldbrugs, para convertirse en el más rico y sabio de los hombres, animado siempre por el placer de contemplar todos los cambios y las revoluciones en los Estados y los imperios.

Los struldbrugs son unos raros mutantes que nacen por azar y se reconocen por tener una mancha circular roja en la frente. Estas manchas van cambiando de color con el tiempo, y son la señal infalible de que sus portadores no morirán nunca. Gulliver se entera, asombrado, de que la imagen gloriosa de la inmortalidad es una mentira. Le explican que por regla general los struldbrugs “se conducían como mortales hasta llegar a la edad de treinta años, y luego, gradualmente, iban tornándose melancólicos y abatidos, hasta llegar a los ochenta”. Los inmortales de Swift son presa de un proceso de decadencia que los lleva a sufrir todas las extravagancias y flaquezas de los viejos, y a sufrir la perspectiva atroz de no morir nunca. Por ello se vuelven “tercos, enojadizos, avaros, ásperos, vanidosos y charlatanes”, incapaces de sentir afecto o amistad, corroídos por la envidia y los deseos impotentes, pues no tienen ninguna posibilidad de sentir placer: “los menos miserables de entre ellos parecían ser los que, chocheando, perdían por completo la memoria”. Son detestados y menospreciados por todos.

Al develar los males de la vida eterna Swift presentó a sus inmortales como melancólicos; en cambio Borges los convirtió en hombres salvajes. En ambos casos la pérdida de la memoria los degrada a una condición bestial, absurda e infructuosa. Los inmortales de Swift acumulan en su cuerpo y en su mente todas las desgracias de una vejez interminable; en cambio los de Borges tienen el cuerpo fuerte de los trogloditas, pero su mente es inútil. El inmortal con quien habla el viajero del cuento de Borges ha prácticamente olvidado que alguna vez escribió la Odisea.

¿Qué impulsó a estos escritores a preocuparse por la inmortalidad? Swift usó el tema para ironizar sobre la vanidad de sus contemporáneos, y por ello se centró en la decadencia física y mental de sus personajes inmortales. En cambio a Borges le preocupó el túnel temporal sin fin en el que la humanidad queda atrapada en el eterno retorno. Walter Benjamin asoció el tedio al eterno retorno de lo mismo, y citó a Nietzsche al respecto: “la existencia, tal cual es, sin significado ni objetivo, pero volviendo inevitablemente sin fin a la nada”. En Swift la melancolía sume a los inmortales en un tedio interminable.

Roger Bartra, Inmortales melancólicos y salvajes, Letras Libres Junio 2015

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