Especulació i depredació.

En estos momentos muchos recordarán las palabras del ministro sueco de finanzas, Anders Borg, cuando decía recientemente que veía grupos comportándose "como manadas de lobos" en los mercados. "Si les dejamos actuar, atacarán a los miembros más débiles y les destrozarán". Siguiendo con el símil zoológico, José Ramón Pin, profesor de ética empresarial del IESE, los compara con los buitres negros, que cumplen "la sana tarea de eliminar los animales moribundos".

Tampoco debe extrañar este comportamiento de los mercados, pues "el secreto del capitalismo es comprar barato y vender caro", dice José Carlos Díez, de InterMoney. Es parte del ADN del sistema. Como lo es, indica Adrián Serrano, experto de Norbolsa, que haya personas que ganen mucho con estos movimientos especulativos, pero también quienes lo pierden todo. "Y esto hay que tenerlo en cuenta. Especular no es sinónimo de grandes ganancias. Se hace un discurso demasiado simplista para llegar a la gente".

El problema está en encontrar el punto medio, o sea, el color gris. La mayoría de las transacciones habituales de compra y venta de cualquier bien lleva implícito un componente especulativo. "El reto reside en definir qué es una operación especulativa y qué no", reflexiona Lorenzo Dávila, jefe del departamento de investigación del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). Y, hasta la fecha, este gato sigue sin cascabel. "Resulta muy complicado, por ejemplo, distinguir entre una operación especulativa pura y dura y una de cobertura", admite Dávila.

De lo que hay pocas dudas es de que los especuladores viven en las grietas del sistema. Ahí proliferan. Buscan "los desajustes que les podrían generar rentabilidad", precisa Francisco López Ollé, de X-Trade Brokers. La solución podría estar en aumentar la regulación, pero es algo que "coartaría la rentabilidad del negocio", en palabras de Natalia Aguirre, directora de estrategia de Renta 4, quien no hace sino resumir el sentimiento del mercado.

Sea como fuere, los desajustes son el ecosistema propicio para los hedge funds, o fondos de alto riesgo. Estos instrumentos -principales responsables de lo que podríamos definir como especulación excesiva- son uno de los grandes causantes de la volatilidad del mercado estas pasadas semanas. Su grieta la han encontrado, entre otros lugares, en el arbitraje de deuda soberana. Por ejemplo, son capaces de aprovechar el desajuste en un 0,05% (cinco puntos básicos) en la emisión de deuda y apalancarse (endeudarse) sobre ella hasta 30 veces, o más, para buscar rentabilidad. Y aquí está parte del problema.

"Este apalancamiento excesivo tendría que estar limitado en los bancos. Es un extraordinario riesgo, pues mal utilizado genera abusos y mala gestión", comenta el director de grandes patrimonios de un banco privado suizo. "Hay que tener claro que la especulación ilimitada se sirve, sobre todo, de fondos que tienen una regulación laxa o inexistente".

Y es que ha llegado la hora de un cambio de planteamiento, cuyo primer paso es meter en vereda a los instrumentos de alto riesgo. "Pero tiene que ser un cambio global. Si sólo regulas los hedge funds en Europa, lo que provocarás es que se vayan a paraísos fiscales. Pero el problema continuará existiendo", afirma Lorenzo Dávila, del IEB.

Ahora bien, en este complejo paisaje se da la dolorosa paradoja de que muchas economías europeas han aumentado su déficit público, al menos en parte, porque tuvieron que endeudarse para rescatar a entidades financieras en apuros. Y ahora son esas mismas entidades reflotadas las que apuestan contra su economía y divisa. "Muchas gestoras de los bancos han participado en el hundimiento de los mercados, pero ha sido en interés de sus clientes. Por ejemplo, vendiendo deuda española, que está muy débil, y comprando alemana. Pero esto no quiere decir que estén atacando la economía, sino defendiendo los intereses de sus ahorradores", matiza Dávila.

Miguel Ángel García Vega, La especulación tiene cara y cruz, Negocios, El País, 23/06/2010
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