Com justifica Descartes l'existència de la substància extensa?
¿Cómo justifica Descartes la tesis de una existencia absoluta de la sustancia extensa, y por lo tanto de un
alcance no-correlacional del discurso matemático que trata sobre los cuerpos? Su razonamiento se puede restituir, sintetizado, del siguiente modo: (54)
1) Puedo demostrar la existencia necesaria de un Dios soberanamente perfecto. Sabemos que una de las tres demostraciones de la existencia de Dios propuestas en las Meditaciones metafísicas es la prueba que, de Kant en adelante, se conoce con el nombre de prueba (o argumento) ontológica. Su principio consiste en inferir la existencia de Dios de su definición como ser infinitamente perfecto: al ser planteado como perfecto, y al ser la existencia una perfección, Dios no puede sino existir. Puesto que piensa a Dios como existiendo con toda necesidad, exista o no exista yo para pensarlo, Descartes me asegura un acceso posible a una realidad absoluta, un Gran Afuera no-correlativo a mi pensamiento,
2) Ese Dios, al ser perfecto, no podría engañarme cuando hago un buen uso de mi entendimiento, es decir,
cuando procedo por medio de ideas claras y distintas.
3) Me parece que existen fuera de m. cuerpos de los que me hago una idea distinta cuando solo les atribuyo existencia tridimensional. Estos objetos deben existir fuera de mí, efectivamente, porque de otro modo Dios no sería veraz, lo que repugnaría a su naturaleza. (55)
1. Establecer la existencia de un absoluto, un Dios perfecto (denominémoslo un "absoluto primero");
2. Derivar de él el alcance absoluto de las matemáticas (denominémoslo un "absoluto derivado"), haciendo valer el argumento de que un Dios perfecto no podría engañar. "Alcance absoluto" significa: lo que es matemáticamente es pensable en los cuerpos (a través de la aritmética o la geometría) puede existir absolutamente fuera de mí. Ahora bien, considerando solo la forma de la demostración, no vemos cómo sería posible absolutizar de otra manera el discurso matemático: nos es preciso acceder a un absoluto que, si él mismo no es inmediatamente de naturaleza matemática (el Dios perfecto), entonces debe estar a la altura de permitirnos derivar de él la absolutidad (el Dios veraz que garantiza la existencia de los cuerpos extensos). (55-56)
Quentin Meillassoux, Después de la finitud. Ensayo sobre la necesidad de la contingencia, Caja Negra, Buenos Aires 2016
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