Amics artificials.
La amistad es un asunto que me preocupa desde hace mucho. Le dediqué incluso todo un libro en 2007, Les amis de mes amis. Hablaba de artefactos de la debilidad, artefactos con los que uno puede permitirse ser débil, no competitivo y vulnerable, y esbozaba una comparación con el animal-amigo. Sherry Turkle insiste en la cuestión de la autenticidad y se inquieta por los «amigos artificiales» que propondrían en su lugar un sustituto de mala calidad. Supone un poco deprisa dos cosas: primero, que los amigos artificiales solo podrían dar lugar a una amistad adulterada, y después, que las amistades con humanos serían más bien positivas. Sin embargo, una mayoría de quienes tienen amigos artificiales íntimos están muy satisfechos con ellos. A la inversa, un gran número de personas no tienen amigos y sufren por ello, y otras tienen amigos en el marco de relaciones que no solo distan de ser satisfactorias, sino que a menudo son muy tóxicas.
Se dice a menudo, un poco deprisa, que los adolescentes ya no tienen amigos verdaderos porque están demasiado acaparados por esos sustitutos artificiales. Pero también oí decir en mi juventud que había que impedir que los jóvenes leyeran demasiado porque el trato con los libros les impedía tener una vida social de calidad. La pregunta pertinente no es saber si esas amistades son auténticas, sino si responden a una necesidad y a cuál. ¿Los jóvenes no tienen amigos porque tienen un amigo artificial o tienen un amigo artificial porque no tienen amigos? El amigo es una prótesis existencial con la que uno se construye una identidad y una prótesis social y afectiva con la que se puede hacer frente a los azares de la vida y con la que uno puede divertirse; que esos amigos sean artificiales o biológicos sigue siendo, a fin de cuentas, un punto secundario. Yo tendería a ver en esta desconfianza un miedo más profundo: el del humano puesto en competencia con las máquinas en el mercado del afecto. La cuestión verdaderamente interesante, a mi juicio, es preguntarse cómo van a transformarse nuestras sociedades para asimilar el fenómeno de los amigos artificiales y combinarlos con los amigos-animales y los amigos-humanos. En cuanto a los nostálgicos de la amistad auténtica, siempre podrán crear clubes dedicados.
Daniel Arjona, entrevista a Dominique Lestel: "Que un amigo sea artificial o biológico es, a fin de cuentas secundario", el mundo.es 23/08/2026
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