Una realitat a la nostra mida.



No hace mucho visitó España Eli Parisier. Este activista norteamericano publicó hace ya unos años un libro titulado The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You. En él cuenta algunas ideas muy interesantes y ciertamente preocupantes si se demostrara que lleva razón. Su argumento se construye a partir de la idea sobre cómo se gestiona el filtro de aquello que nos llega a través de la pantalla de nuestros dispositivos. Dos son las principales herramientas que podrían explicar que las redes sociales o nuestros accesos a internet pudieran no ser la panacea que muchos creíamos: el Big Data y la inteligencia artificial.

En primer lugar, cada vez una mayor parte de nosotros nos informamos a través de las redes sociales. Es cierto que esto nos permite poder acceder a una cada vez mayor ingente de información y, en teoría mantenernos más informados. Sin embargo, esta información que procede del “mundo exterior” y llega a nosotros está cada vez más filtrada. Dicho filtro viene generado precisamente por una especie de membrana “digital” diseñada a nuestra imagen y semejanza. Nuestra interacción diaria en las redes sociales define nuestra huella digital, nuestros gustos, simpatías y pareceres. El uso del mail, de WhatsApp, de Facebook, de Twitter, etcétera, ofrece información valiosa sobre nuestro perfil como consumidor, como trabajador, como activista o como hombre o mujer social y político. Mediante algoritmos de IA y dicha información, las redes nos ayudan a seleccionar parte de la inmensa cantidad de información. Por ejemplo, Parisier argumentaba que una misma búsqueda en Google de una noticia de dos personas diferentes daba resultados diferentes. También, los tweets más relevantes que adquieren preferencia en nuestra línea de tiempo no son los mismos que el de otros con perfiles diferentes. Incluso en Facebook, las noticias que nos llegan a nuestra pantalla de inicio vienen previamente seleccionadas por nuestra “membrana digital”, construida a partir de nuestras propias iteraciones en la red.

Así, estos algoritmos deciden en parte qué vamos a ver y conocer y, en particular, cómo lo veremos, de lo que está pasando ahí fuera. Pero no nos engañemos, esos filtros creados no son algo ajeno a nosotros, son reproducciones de nuestra propia forma de ver el mundo. En este sentido, no es de extrañar que dichos algoritmos dibujen para nosotros, sin que seamos conscientes de ello, un mundo que ayude a consolidar nuestros propios sesgos. El Big Data y estos algoritmos pueden terminar por construir una realidad virtual donde lo único que queramos saber es aquello que previamente hemos decidido que queremos saber.

Corremos el riesgo de pensar que las consecuencias de todo esto pueden no ser importantes. Pueden, como es factible considerar, que terminen por elevar la polarización política, el enfrentamiento y esto, finalmente, altera los resultados electorales. Pueden facilitar ciertas derivas democráticas en aquellos países con instituciones débiles. En conclusión, el efecto puede ser muy diferente al que hemos podido pensar que podrían tener internet y las redes sociales hace no mucho más de un lustro. Las redes pueden ser nocivas para las libertades.

Manuel Alejandro Hidalgo, La cruda realidad de las redes sociales, vozpopuli.com 5/11/2018

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