Societats i governs 1


Hace justamente 200 años escribía Thomas Jefferson una carta a su discípulo y sucesor James Madison, a propósito de ciertos disturbios ocurridos en algunos Estados de la recién nacida Confederación. Allí decía que las sociedades pueden existir bajo tres formas básicas: a) sin gobierno, "como entre nuestros indios", sistema quizá óptimo pero poco compatible con niveles densos de población; b) sometidos a gobiernos de fuerza, como rebaños de ovejas custodiados por lobos; c) administrados por gobiernos basados sobre el principio de que los peligros de la libertad son simepre preferibles a las seguridades de la servidumbre.

(...) no deberíamos responsabilizar a los gobiernos de algo que tiene buena parte su origen en los gobernados. Cuando el control del Estado se convierte en el Estado del control no es sin el apoyo de algo tan misterioso, oscuro e innegable como el desprecio de la mayoría de los ciudadanos por su autonomía y su sentido crítico., según parece enajenados a cambio de electrodomésticos, coche y piso. (...)

Alguien podría decir que las gentes renuncian a vigilar a los administradores -convirtiéndolos al punto en gobernantes- porque así lo impone con habilidad y machaconería la propaganda de los gobernantes mismos, lo cual es cierto. No menos cierto es que el sistema de garantías civiles sólo podrá mantenerse y ampliarse si el ciudadano mantiene en su corazón y en sus redaños el fuego en que la ciudad arde, el fuego de su propia libertad.

Antonio Escohotado, La ciudad ardiente, El Globo, 13/11/1987

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