Polítiques sexys.









Sin embargo, las malas políticas son muy persistentes. ¿Por qué? Una primera hipótesis es que los políticos no saben. Es verdad que el nivel de formación de los políticos es mejorable, en España y en todas partes. Pero lo cierto es que todos los políticos tienen acceso a información y a equipos técnicos que pueden ayudarles.

Una segunda hipótesis es que los políticos están “capturados”. Esta podría estar relacionada con la primera hipótesis: como los políticos no saben, pues simplemente asumen como propia la propuesta de cualquier grupo de interés. Por ejemplo, del gremio de veterinarios que quieren mejorar sus márgenes de negocio y pagar menos IVA.

Una tercera hipótesis es que los políticos están muy ideologizados, tienen una visión muy fuerte de quiénes son los buenos y los malos en la sociedad y les importa bastante poco lo que digan los estudios respecto de las políticas que proponen. Esta es sin duda relevante para España.

Sin embargo, hay una cuarta hipótesis menos evidente, pero que resulta esencial: las políticas deben de ser sexys. ¿Y qué es una política sexy para un político hoy? El primer requisito es que sea simple, la mayoría de ciudadanos no tiene tiempo para entender cosas complejas. Si esa política es también simbólica y todo el mundo la asocia automáticamente a “los tuyos”, mucho mejor. Y si además causa un fuerte rechazo en tus adversarios, esa política será infalible.
El objetivo es siempre generar titulares. Si no lo hace, no estará en el debate, no se viralizará en redes y no aparecerá en las tertulias. Será una bala perdida. Y como sabe cualquier spin doctor que se precie —y que haya leído al lingüista de Berkeley George Lakoff—, si en política no se habla de ti, estás muerto.

Los votantes no tienen tiempo para leerse los programas electorales y mucho menos para analizar los pros y contras de cada una de las políticas que se proponen. Cualquier “buen” político lo sabe y si tiene que elegir entre una política sensata, pero compleja, y una mala política, pero simple, simbólica y divisiva, tendrá fuertes incentivos para elegir la segunda. Si lo hace, tendrá impacto, se hablará de él y, si añade un zasca elocuente, tendrá sus ocho segundos de gloria en el telenoticias.

La solución a todo esto no es muy halagüeña. En la era de las redes sociales y con un Parlamento con más fuerzas políticas y más radicales en ambos lados del tablero la competición por la atención se ha vuelto furibunda. Los partidos necesitan diferenciarse. Necesitan que se hable de ellos. Para lograrlo, la inercia es proponer cada vez más (malas) políticas polarizantes y menos (buenas) políticas complejas. En ese mundo, la mayoría siente cada vez más desinterés por la política. Y la democracia, poco a poco, se va deteriorando.

Toni Roldán Monés, ¿Por qué los políticos proponen malas políticas?, El País 04/01/2021

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