El projecte de matematitzar tota la realitat.
La historia
muestra como las ciencias, y la tecnología, avanzan con el mayor conocimiento del
hombre de los fenómenos de la naturaleza y del impacto que en ella ocasionan
sus actuaciones. La necesidad de cuantificar
la solución de un problema, bien sea de diseño y construcción de un edificio,
la predicción de la vida de una célula, o la producción más económica de
envases para alimentos, ha sido siempre ineludible. El aura de los números, que
desde el inicio de los tiempos ha fascinado al hombre, ilumina la ciencia y la
ingeniería modernas a través de los ordenadores y los métodos numéricos, que finalmente
son uno de los motores que impulsan el desarrollo de las disciplinas científico-técnicas.
El ingeniero militar Luigi F.
Menabrea decía en 1884: ¡Cuántas observaciones preciosas son inútiles para los
progresos de las ciencias y las técnicas, porque no hay fuerzas suficientes
para calcular los resultados de las mismas! ¡Cuántos desánimos no infunde la
perspectiva de un largo y árido cálculo en el hombre de genio, que sólo pide tiempo para meditar y se
ve privado de él por el volumen de las operaciones de un sistema inadaptado! Y,
sin embargo, debe llegar a la verdad por la vía laboriosa del análisis, pero él
no puede seguirla sin guiarse por los números, ya que, sin ellos no es posible
levantar el velo que oculta los misterios de la naturaleza. Este entusiasmo por los números era
también una consecuencia de la gran admiración que Menabrea sentía por la Máquina Analítica de Charles Babbage, a
quién conoció en una presentación que el inventor británico hizo ante un grupo
de científicos italianos en 1840.
La informática y los métodos numéricos nacen y se
desarrollan precisamente para dar respuesta a estos planteamientos.
Proporcionan los medios para cuantificar, con la ayuda de los ordenadores, un
problema dejando a los científicos y profesionales el tiempo y la libertad para
meditar sobre la bondad de la solución que trata de representar una realidad concreta.
En este contexto la tecnología está facilitando un cambio de paradigma pues
permite comprender y afrontar mejor unas realidades cada vez más complejas.
Esto entre otras muchas cosas obliga a preocuparse y ocuparse de un
conocimiento cada vez más global, que no esté mutilado ni dividido, capaz de abarcar
la complejidad de lo real respetando lo singular de cada disciplina pero
integrándolas en un conjunto coherente.
Los métodos numéricos forman un conjunto inseparable
con las matemáticas, la caracterización de las propiedades físicas del medio
donde ocurre el fenómeno y la informática. Cualquier método numérico tiene que
desarrollarse teniendo en cuenta la plataforma informática que se utilizará
para encontrar las soluciones, en general para problemas cada vez más grandes (probablemente en
ordenadores trabajando en paralelo). No es por tanto extraño que los mecanismos
que controlan muchos de los procesos fisiológicos, la genética, la geomorfología,
la dinámica de poblaciones, la epidemiología o la ecología hayan sido poco a
poco provistos de modelos matemáticos, un paso necesario para poder formalizar
los modelos y las simulaciones numéricas que permitan resolver los múltiples problemas
que de ellos derivan. La determinación de una política comercial o cualquier otra
estrategia geopolítica moderna puede requerir, por ejemplo, de teorías de la
decisión o de juegos, o de estrategias de optimización, en definitiva de unos
modelos y simulaciones numéricas que las transformen en números.
Pero podemos preguntarnos, ¿qué
hace veraz una solución numérica?, ¿por qué hemos de creer los valores
numéricos obtenidos con el ordenador?, ¿qué confiere utilidad a una solución
numérica? Los pocos problemas físicos para los que los modelos matemáticos tienen
soluciones exactas sirven para calibrar un método y una simulación numérica. En
el resto de situaciones, la visión numérica de la realidad es siempre
aproximada siendo las únicas referencias validaciones empíricas utilizando
pruebas de laboratorio o de campo muy concretas. Sí los modelos numéricos
reproducen con la suficiente aproximación una realidad contrastada, se debe
suponer que serán capaces de predecir comportamientos más complejos cuya
solución es desconocida. No obstante en la mayoría de los casos el autor de un
método numérico primero y el experto que lo aplica después quedan solos frente
a los números que proporciona el cálculo. Es en ese momento cuando toda la
experiencia personal acumulada debe utilizarse para aceptar o no los números,
en cualquier escenario con una actitud positiva pero crítica sancionándolos con
controles específicos basados en criterios físicos y experiencias prácticas.
También podemos preguntarnos, ¿es
posible describir con la ayuda de las matemáticas, los ordenadores y los
métodos numéricos la realidad del mundo? Los límites para expresar mediante
números cualquier problema del universo están ligados a la posibilidad de
plantear y de formalizar los problemas en forma matemática. Ante esta situación
surge inmediatamente la pregunta: ¿es posible matematizarlo todo?, ¿habrá algo
en el mundo que no pueda jamás llegar a ser descrito con un lenguaje matemático?
No parece, según afirman algunos, que haya nada en el mundo físico no matematizable, pero... ¿hay otro mundo? Un
materialista mecanicista puro, probablemente contestaría que ninguno; no
obstante, es evidente que existen otras cosas como las emociones, creencias,
actitudes, sueños, intenciones, celos, envidias, ansias, pesares, sentimientos
como la ira y la compasión y muchos otros. Estas realidades que componen el
mundo interior de la mente humana, y todas aquéllas otras que abarcan la vida
cotidiana de la sociedad o de la civilización misma, la literatura, la música,
la política o las mareas y corrientes de la historia, ¿podrán ser
matematizadas?
La respuesta no es sencilla, ni
banal. Es fácil encontrar defensores de que todo es matematizable, y por tanto
numeralizable, y de lo contrario. En cualquier caso las teorías de Turing
permitieron dar un gran salto conceptual y sustituir el lenguaje matemático universal
más formal establecido por Gödel por una definición rigurosa de la noción
algoritmo, palabra latina que recuerda el nombre del popular matemático árabe
medieval Al Kuwarizmi, como una
sucesión de reglas elementales que permiten efectuar paso a paso, de forma
encadenada, un número finito de operaciones para resolver un problema concreto
(Máquina de Turing). Pero a pesar de todos los progresos de la computación, de
los métodos numéricos y sus aplicaciones, todavía hoy siguen vivos los viejos conflictos
entre científicos, tecnólogos y humanistas sobre la existencia, o no, de una
porción del mundo inmune a las matemáticas. En cualquier caso con el desarrollo
de los ordenadores y de los métodos numéricos la vieja aspiración de Pitágoras
y de Platón va día a día ganando adeptos a medida que se producen nuevos éxitos
en la representación matemática del universo.
Pero con independencia del problema que se
resuelva, hay que destacar que el fin último de la computación y de los métodos
numéricos no son los números, sino proporcionar mayor conocimiento y mejor comprensión
de los problemas. La palabra que quizás puede sintetizar mejor el futuro más
inmediato de los ordenadores y los métodos numéricos es la multifísica. Los
problemas no se abordarán más desde la perspectiva de un único medio físico,
sino que tendrán que incorporar todos los acoplamientos que caracterizan las
realidades complejas. Sólo desde la perspectiva de una estrecha cooperación
entre el conocimiento profundo de las bases físicas y matemáticas, de los
métodos numéricos, la informática y
las comunicaciones será posible encontrar soluciones efectivas para los grandes
problemas del nuevo siglo. Esta cooperación deberá hacer énfasis en la
optimización de los recursos materiales y humanos necesarios para afrontar con
garantías el cambio de escala de los problemas a resolver y, sobre todo, en la
puesta en marcha de acciones de formación innovadoras para preparar a las
nuevas generaciones, que con la ayuda de las matemáticas, la computación y los
números, deberán abordar con éxito un sinfín de asuntos cada vez más
multidisciplinares, transversales y globales.
Benjamín Suárez y Eugenio Oñate, Una acercamiento a la complejidad del mundo con los números, El Año Turing, 07/03/2013
Benjamín Suárez Arroyo es
catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya.
Eugenio Oñate Ibáñez de Navarra es
catedrático de Universitat Politècnica de Catalunya,
y director del Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (CIMNE).
y director del Centro Internacional de Métodos Numéricos en Ingeniería (CIMNE).
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