L´exterior social com a font del terror.


Como nuestro artificio social vive de la aversión a lo externo, presiente al mismo tiempo que cualquier roce con una punta de exterioridad que resista tendría el mismo efecto que una aguja sobre la piel de un globo hinchado. (...)

Esa exterioridad, que sentimos persistir bajo todas las ilusiones de seguridad, representaría caer otra vez en la alteridad real, madre de todos los terrores en la debilidad postmoderna. De ahí el temor, al menor contacto con el afuera, al menor pinchazo, a una rápida despresurización de la cabina artificial en la que mantenemos nuestro bienestar.

Ignacio Castro Rey, Votos de riqueza, Antonio Machado Libros, Madrid 2007

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