Qui parla i pensa bé és una bona persona.
| Kevin Spacey |
https://youtu.be/tJZMQ6Mg6RM?si=ksp5ATjCAfbubh9l
No tengo ni idea de cuál es la condición moral de Kevin Spacey ni me importa demasiado. En lo que respecta a sus problemas con la justicia, hasta donde sé, nadie le ha declarado culpable.Aunque quizá lo más relevante sea que es un actor inmenso. Y puede que algo más. Desde hace días, circula por las redes una intervención suya del pasado diciembre en la Oxford Union Society, probablemente el club de debate estudiantil más importante del mundo. Si tienen ocasión, no dejen de buscar ese vídeo: no es solo una curiosidad viral; es un recordatorio desafiante de lo que la palabra puede todavía.
La intervención de Spacey es colosal y sumamente efectista. Habla de la verdad, de los hechos, de los villanos, de los juicios paralelos… fenómenos tan clásicos que parecen hablar de nosotros. Y quizá lo hagan. Un hombre de pie, rodeado de personas sentadas, apenas provisto de unos tarjetones, proyecta la voz mientras interpela con el gesto y la mirada a sus interlocutores. Hay una parte de lo que somos, como especie y más específicamente como cultura, que tiene que ver con este uso público de la palabra.
Los antiguos lo sabían. A su reflexión teórica la llamaron retórica y a su buen ejercicio le dieron el título de oratoria. Que Aristóteles o Cicerón dedicaran al asunto tratados principales no es ninguna casualidad. El cuidado de la palabra no es una capacidad más entre otras: es uno de esos lugares donde la naturaleza humana se expresa, se prolonga y, si hay fortuna, se perfecciona.
No somos solo animales pensantes o sintientes. Somos un bicho extraño que necesita contagiar precisamente lo pensado y lo sentido. Gracias a que tenemos voz, decía el de Estagira, podemos deliberar sobre el bien y no solo sobre el placer. La oratoria es la síntesis de una región de lo humano en la que convergen el número y la letra, la matemática del ritmo y la estética de la palabra. En pocos lugares se condensa de forma tan civilizada y salvaje la vieja tríada del bien, la verdad y la belleza.
Escuchando a Spacey recordé que Platón dejó escrito que la persona buena y noble es aquella que habla y piensa bien. Es, sin duda, una exageración, aunque no me atrevería a decir que carezca por completo de verdad. El discurso de Spacey me reconcilió con la dignidad que adquiere el uso solemne de la palabra desnuda. Pero también sentí una extraña ira contra mí mismo y contra quienes algún día creímos que una clase magistral en una universidad podía hacerse con un PowerPoint.
Diego S. Garrocho, La palabra de Kevin Spacey, El País 23/02/2026
Comentaris