Ètica i teoria de l'evolució.

Richard D. Alexander




Esta entrada es un resumen/comentario del artículo de Richard D. Alexander “A Biological Interpretation of Moral Systems” un clásico de la la biología evolutiva de la moralidad. Extraigo algunas de las ideas clave:

-Los sistemas morales no son un misterio divino ni algo contrario a la selección natural, sino un producto directo de la evolución en grupos sociales complejos de individuos longevos con conflictos y confluencias de intereses permanentes.

-La moralidad es, en esencia, un sistema de reciprocidad indirecta con reglas, castigos y reputación. Surge porque los humanos vivimos en grupos donde las interacciones se repiten indefinidamente y hay observadores constantes. Actuar de forma “altruista” (ayudar a otros) genera una buena reputación que luego trae beneficios (ayuda futura, alianzas, parejas, protección). La conciencia es un mecanismo interno para autocastigarse y mantener esa reputación. Las reglas morales sirven para castigar a los tramposos que abusan de la reciprocidad.

-Una parte muy interesante es donde Alexander enfatiza una paradoja clave: la moralidad pudo haber surgido por razones “inmorales”. La cohesión interna del grupo (patriotismo, lealtad, altruismo dentro del grupo) evolucionó principalmente para competir mejor contra otros grupos humanos con intereses opuestos. La moral une al “nosotros” contra el “ellos”, excluyendo o perjudicando a los de fuera. Ejemplo: el altruismo dentro de la tribu/nación a menudo se usa para la guerra o la dominación de otros grupos. Por tanto, la moral ideal de “justicia universal para todos los humanos” es una extrapolación moderna que choca con sus raíces evolutivas egoístas.

- Alexander distingue Altruismo verdadero de Altruismo aparente. Para él, casi todo altruismo es genéticamente egoísta (beneficia copias de los genes del actor vía parientes o reciprocidad futura). El altruismo indiscriminado universal es raro y probablemente desventajoso.

-La moral no busca “el bien de todos por igual”, sino maximizar el éxito reproductivo del individuo y su grupo en un entorno de conflictos permanentes. Las reglas éticas, la culpa y el castigo son herramientas para mantener la cooperación dentro del grupo y castigar a los que rompen el pacto.

Me interesa abundar un poco en este punto. Sin conflictos de intereses (es decir, sin intereses genéticos/reproductivos diferentes), no habría moral. La moral nace y se moldea por esos conflictos. Y ocurre que intereses genéticos diferentes implican morales diferentes. Si dos grupos humanos tienen intereses genéticos/reproductivos incompatibles (competencia por recursos, territorio, parejas, poder), sus sistemas morales serán incompatibles o enfrentados. Lo que es moral dentro de un grupo (altruismo, justicia interna, lealtad) puede ser inmoral o irrelevante para el otro grupo, y viceversa. La idea de una moral universal (justicia para todos los humanos por igual) choca con esta realidad biológica. En sus propias palabras:

«Aunque la moralidad se define comúnmente como algo que implica justicia para todas las personas […], puede haber surgido por razones inmorales, como una fuerza que genera cohesión dentro de los grupos humanos pero que específicamente excluye y se dirige contra otros grupos humanos con intereses diferentes.»

«La moralidad fue inventada o instituida (y mantenida y elaborada) por razones que, en una discusión moderna o intelectualmente coherente, serían necesariamente consideradas inmorales.»

En conclusión, Alexander ve la moral como un sistema adaptativo muy eficaz para la vida social humana, pero no como algo inherentemente noble o universal. Es egoísta en su origen biológico (interés genético disfrazado de altruismo), y su función principal ha sido cohesionar grupos para competir contra otros grupos. Entender esto biológicamente ayuda a explicar tanto la fuerza como los límites de la moralidad humana, y evita caer en utopías ingenuas de altruismo universal.

Realmente, creo que es la visión de la moral más cruda y realista que existe. Ningún filósofo se ha acercado a esto. Alexander no está haciendo filosofía moral en el sentido tradicional, -no busca definir “lo bueno” ni justificar normas universales-, sino que aplica la biología evolutiva sin anestesia y describe lo que ve: la moralidad no es un regalo divino ni un logro ético puro, sino una herramienta adaptativa que surgió para resolver problemas muy concretos de supervivencia y reproducción en grupos humanos complejos.

Lo que más impacta (y lo que hace que ningún filósofo clásico o moderno se haya acercado tanto) es que Alexander no se escandaliza de sus propias conclusiones. Reconoce abiertamente que la moral pudo nacer por motivos que hoy consideraríamos inmorales (cohesión interna para competir mejor contra otros grupos, exclusión/hostilidad hacia los “otros”). Pero no lo dice para atacar la moral, sino para entenderla como un fenómeno biológico real, sin idealizaciones románticas ni condenas moralistas.

¿Y por qué es tan distinta esta visión a la de la filosofía tradicional? Platón, Aristóteles, Kant, Rawls, Singer… todos parten de premisas normativas: buscan justificar la moral, encontrar un fundamento racional o universal (la Forma del Bien, el imperativo categórico, el velo de ignorancia, el altruismo efectivo). Pero Alexander parte de cero con la teoría de la evolución en la mano. ¿Cuál es el origen biológico y funcional de estos sistemas? No pregunta “¿cómo debería ser la moral?”, sino “¿por qué existe la moral tal como la observamos?”. Y responde sin tapujos: porque ayudó a grupos cohesionados a sobrevivir y reproducirse mejor que grupos menos cohesionados.

Ningún filósofo se atreve a decir sin ambages que “la moral fue inventada por razones que en una discusión moderna serían vistas como inmorales”, porque eso dinamita el pedestal ético en el que la filosofía suele colocar la moralidad. Alexander, como biólogo evolutivo, no tiene ese pudor, sencillamente ve la moral como un rasgo biológico más, con raíces egoístas (genéticamente hablando) y funciones tribales. Alexander hace con la moral lo que Darwin hizo con la especie humana: la baja del pedestal metafísico y la explica como un producto de la selección natural. Es demoledor, sí, pero también liberador si uno quiere entender la realidad sin velos.


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