La deconstrucció d'Occident
| John Gray |
El verdadero interregno fue el orden encabezado por Estados Unidos. Estaba destinado a ser temporal y acortó su vida útil por extralimitarse. Los fantasiosos proyectos de construcción nacional fueron desapareciendo bajo los escombros esparcidos por la terapia económica de choque en Rusia y las arenas de Afganistán, Irak y Libia. Hoy en día, lo que queda del Occidente liberal lo está desmantelando su antigua potencia hegemónica.
Los regímenes van y vienen. Los cambios actuales coinciden con un momento de avances tecnológicos cada vez más rápidos. Desde finales del siglo XVIII, los visionarios progresistas han pensado que la tecnología era una fuerza unificadora. Tanto si la culminación era la tecnocracia jerárquica de Henri de Saint-Simon, como el comunismo igualitario de Marx, el mercado “espontáneo” de Hayek o el “capitalismo democrático” de Fukuyama, la lógica de la historia era una civilización planetaria basada en el modelo occidental.
Sin embargo, la historia no revela ninguna lógica de ese tipo, sino, en todo caso, lo contrario. Para empezar, la difusión de nuevas tecnologías desemboca en la democratización de la guerra. Una tribu fundamentalista sigue interrumpiendo cadenas de suministro vitales en el mar Rojo. Un dron hutí cuesta miles de dólares, mientras que el misil tierra-aire occidental lanzado para interceptarlo cuesta millones. Además, el progreso tecnológico no necesita el individualismo liberal. El Japón de la era Meiji se industrializó en el plazo de una generación sin incorporar los valores liberales y se convirtió en el primer país asiático capaz de derrotar a un imperio europeo, cuando venció a Rusia en la batalla naval de Tsushima en 1905.
Todas las probabilidades indican que, en el futuro, Estados Unidos seguirá siendo prodigiosamente innovador y sus divisiones seguirán alimentando su vitalidad inagotable, pero ya no será el pilar de un régimen mundial. En algunos círculos de MAGA se insiste en que Estados Unidos está actuando como corresponde al guardián de la civilización occidental, pero, en realidad, el régimen de Trump está dando a la izquierda hiperprogresista lo que siempre ha deseado: la deconstrucción de Occidente. Ese es el verdadero significado de “Estados Unidos primero”.
Durante sus años en prisión, Gramsci se obsesionó con Maquiavelo y utilizó sus escritos para reimaginar la estrategia comunista. Se resistía, como siguen haciendo sus seguidores de la izquierda, a la visión fundamental del clarividente historiador y diplomático florentino. Los regímenes surgen y caen en ciclos interminables, que la acción humana no puede detener ni controlar. El optimismo de la voluntad es una negativa deliberada a comprender el presente. La historia se mueve y la desintegración es la lógica de los acontecimientos. El arte de la estrategia —si es que aún existe en los Estados que componen lo que antes se llamaba Occidente— consiste en saber cómo vivir en un mundo permanentemente fracturado.
John Gray, La desintegración de un mundo que no volverá, El País 15/02/2026
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