La realitat de l'ideal.




Esta es una historia ideal, pero no irreal. La escribió Platón en plena madurez (bien entrado el siglo IV a. n. e.) y se encuentra en La República – Politeía (Πολιτεἰα), en griego. Él la definió como un tratado de medicina contra la corrupción de los Estados (medicina y filosofía, la relación que heredó Epicuro, entre otros que vinieron después). El remedio fundamental era la justicia, una justicia que encarnaban los verdaderos filósofos, esos amantes del bien que empleaban la vida en buscarlo apasionadamente.

En la cúspide de su república ideal estaba el filósofo-rey. Ideal, sí. Pero nadie ha dicho que las ideas y los ideales no formen parte de la realidad. Que no tengan tanta entidad o realidad como el amor o la fe religiosa, tan evidentes. Además, lo ideal, en su sentido de perfección, suele ser espejo de algo que no lo es. No hay ideal sin una firme realidad que lo sustente. Podría decirse incluso que lo real –esa experiencia desorganizada, pero compartida del mundo– es el autor de lo ideal. También alguno pensará que lo único irreal que hay aquí es esa dicotomía, pues lo real solo puede ser formulado a través de ideas y de idealizaciones. Claro, salvo que se crea que la realidad es algo tan mostrenco como un muro de carga.

Pues bien, el libro de Platón es una larga meditación en busca de un sistema político perfecto en una ciudad perfecta; él mismo, en lo que ya se ha explicado, real. Y arranca y termina con la justicia.

Todo comienza cuando una mañana de principios de verano, Sócrates decide dar un paseo hasta el Pireo, el puerto de Atenas, para asistir a las fiestas de las Bendideas, acompañado de Glaucón. (...) Ya en el Pireo, y tras la procesión y los ritos, Sócrates y Glaucón se encuentran con Polemarco, un joven aprendiz de filósofo que los invita con gran insistencia a su casa, hasta que ceden. Allí se encontrarán con Céfalo, el padre de Polemarco, un anciano meteco, sabio y prudente, amigo íntimo de Pericles. Y durante tres jornadas se sucederá una discusión (διἀλεκτος) acerca de la justicia, que deriva en una discusión sobre el alma y aún deriva más en una discusión sobre lo que es real y lo que no. 


Alejandro Gándara, ¿Es buena idea dejar que nos gobierne un filósofo?, El País 10/02/2026

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