"La tristesa no és un error químic" (Sami Timini)


Sami Timini



«No sé», dice Eleanor, de 14 años, con los brazos cruzados y un piercing en la nariz que brilla bajo la luz de la consulta. Su madre, Nicole, está desesperada: su hija se autolesiona, tiene ansiedad y sus estados de ánimo son una montaña rusa. Nicole busca una respuesta concreta: «Necesitamos saber qué le pasa. Quizá tenga una depresión o un trastorno bipolar. También me he preguntado si será autismo». Esta escena, descrita en el prólogo del libro Qué es ser normal (Debate), encapsula la crisis moderna de la salud mental: la angustiosa búsqueda de una etiqueta que explique por qué duele vivir.

En su nueva obra, el británico de origen iraquí Sami Timimi (1960), una de las voces más críticas y lúcidas de la psiquiatría actual, disecciona este fenómeno: hemos comprado la idea de que nuestra tristeza es un fallo técnico. Timimi, quien lleva décadas observando la deriva de su profesión, advierte cuando nos citamos con él para la entrevista que nuestra obsesión cultural con la normalidad nos está enfermando más.

«Lo que ha sucedido con nuestro concepto del sufrimiento es que se ha transformado», explica el doctor. Recuerda una verdad incómoda: «El sufrimiento es algo de lo que no se puede escapar, forma parte de la condición humana». Sin embargo, caímos en una trampa cultural seductora. «Como cultura, hemos desarrollado la idea de que todo sufrimiento tiene algún tipo de arreglo técnico, que existe una tecnología capaz de eliminarlo». Aunque reconoce que el progreso ha eliminado mucho dolor innecesario, advierte que la fantasía de erradicar el dolor mental «nos ha dificultado desarrollar la resiliencia natural que poseemos».

La nueva visión tecnocrática del alma humana está golpeando con especial virulencia a los adolescentes. Timimi se muestra especialmente preocupado por esta etapa vital, un periodo de metamorfosis intrínseca donde preguntas existenciales como «¿dónde encajo?» o «¿cuál es el sentido de la vida?» no tienen respuestas sencillas.

Lo que antaño se consideraba la angustia propia de crecer (la soledad, la inseguridad, la alienación) hoy se interpreta bajo una lente clínica. «Se ha convertido en algo que preocupa a la gente cuando experimenta estas emociones intensas. Lo interpretan como una señal de que hay algo mal en ellos». Con humor y empatía, Timimi confiesa lo que suele decir a sus pacientes jóvenes y a sus padres: «Espero de verdad que la reencarnación no sea cierta, porque no quiero volver a pasar por mi adolescencia». Sobrevivir a esa etapa es el logro, no curarla.

Detrás de esta reinterpretación del dolor hay algo más que un cambio filosófico; hay un mercado. Timimi no duda en afirmar que la angustia se ha mercantilizado, convirtiéndose en «una nueva fuente de extracción de beneficios». El mecanismo es perverso pero eficaz: se induce a la persona a creer que si siente malestar, el fallo está dentro de ella, no en su entorno. Y, convenientemente, el sistema ofrece una reparación en forma de diagnóstico correcto que conduzca al tratamiento adecuado.

Daniel Arjona, Carmen Casado, Sami Timini: "la angustia se ha convertido en una nueva fuente de extracción de beneficios", elmundo.es 04/02/2026

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