La impotència de les democràcies.
... uno de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo: la profunda decepción de mucha gente con las democracias existentes. Soy consciente de que este es un problema complejísimo que admite múltiples explicaciones. En estas mismas páginas he hablado de este tema con cierta regularidad, sugiriendo que asistimos a una gran crisis de intermediación en muchas esferas de la sociedad, incluyendo la política. Los mediadores políticos tradicionales (partidos, medios, expertos, etcétera) hoy están cuestionados. Las personas se sienten soberanas y consideran que su opinión vale lo mismo o más que la de las élites, por lo que no están dispuestas a que sus intereses y opiniones se filtren a través de las instituciones mediadoras clásicas. Esta es una de las razones del cuestionamiento de la representación.
Hay una percepción muy extendida de que los sistemas políticos son incapaces de transformar las sociedades y dar soluciones a los problemas que acechan (desde el cambio climático hasta el impacto de los flujos de población, pasando por la desigualdad). Cualquier reforma se enfrenta a innumerables obstáculos y resistencias. Muchas reformas no llegan a aprobarse por la fragmentación parlamentaria, la oposición de los grupos afectados, la complejidad burocrática o la falta de fondos. Los planes ambiciosos que se anuncian (ya sea la reindustrialización, la descarbonización o la reforma del Estado del bienestar) suelen quedar en un pálido reflejo de las intenciones originales. Cuando llega el momento de la puesta en práctica, se ejecuta una versión reducida o se retrasan los plazos. Los esfuerzos terminan diluyéndose, sin que la ciudadanía acabe de percibir el efecto de la política sobre el presente y el futuro.
Ante este panorama un tanto desolador, los dueños de las grandes tecnológicas digitales ocultan cada vez menos su desprecio por la política democrática. Sueñan con soluciones tecnoautoritarias que permitan que las sociedades se gestionen siguiendo el modelo organizativo de sus exitosas empresas. Piensan que los problemas políticos se pueden resolver aplicando criterios empresariales.
Una parte de la ciudadanía comparte este diagnóstico, sobre todo en las generaciones más jóvenes, que han vivido muy de cerca las novedades incesantes que proceden del mundo científico-técnico y que, a la vez, experimentan la impotencia de las democracias.
Quizá así se explique parte del atractivo que tienen los líderes de la derecha radical, pues lo que prometen es saltarse todos los obstáculos al cambio que hay en nuestros sistemas políticos y así conseguir una transformación profunda de la sociedad, frente a las reformas incrementales (a menudo insuficientes) que ponen en marcha los partidos tradicionales. La gente sensata se pregunta cómo es posible que Donald Trump obtenga tantos votos ... En su primer año de mandato ha firmado más de 200 decretos, ha invadido las competencias del Congreso en política comercial, ha usado la coerción contra universidades, medios de comunicación y bufetes de abogados, ha creado una especie de milicia para acabar con los inmigrantes sin papeles, ha secuestrado al presidente de Venezuela, etcétera. Está dispuesto a transformar la sociedad norteamericana y el sistema internacional. Su hiperactividad es una señal inequívoca de que él no es como sus predecesores: tiene un plan para cambiar América y el mundo y no va a parar hasta conseguirlo.
Ignacio Sánchez Cuenca, Aquiles y la tortuga, la carrera entre ciencia y democracia, El País 10/02/2026
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