Xarxes socials, condicionament operant I aprenentatge vicari.
En la arquitectura invisible de las redes sociales, nada es neutral. Cada “me gusta”, cada compartido y cada comentario cumple una función psicológica precisa, REFORZAR o CASTIGAR conductas. Y lo que parece simple interacción es, en realidad, un sistema de CONDICIONAMIENTO a gran escala.
Alberto Bandura lo explicó desde el APRENDIZAJE VICARIO, como hablé en el artículo anterior, no hace falta vivir la experiencia en carne propia para aprender, basta con ver qué conductas son premiadas y cuáles son sancionadas. Las redes llevaron ese principio a una escala industrial.
B. F. Skinner, desde el CONDICIONAMIENTO OPERANTE, fue todavía más directo, la conducta que es reforzada tiende a repetirse, la que es castigada tiende a disminuir. Skinner mostró que gran parte del comportamiento humano se moldea por las consecuencias que le siguen. No por grandes discursos morales, sino por premios y castigos concretos. Cambiad las consecuencias, y tarde o temprano cambiarás la conducta.
Las redes sociales funcionan exactamente así. Cuando un usuario publica algo y recibe una lluvia de likes, comentarios de aprobación y nuevos seguidores, se activa un REFUERZO POSITIVO. El mensaje psicológico es que esto vale, esto conviene, esto da resultado. Aunque nadie lo diga en voz alta, el sistema enseña, repetí esta conducta.
Y no solo aprende el que publica, también aprenden los que miran. Ahí entra Bandura, el refuerzo se vuelve VICARIO. Otros observan que cierta forma de hablar, mostrarse o provocar trae recompensa, y el cerebro anota, ese es el camino.
Del otro lado está el CASTIGO DIGITAL. La burla pública, la cancelación, el ataque coordinado o el silencio algorítmico cumplen la función opuesta. No hace falta un golpe, basta la humillación o la pérdida de visibilidad.
Skinner ya había mostrado que el castigo reduce la probabilidad de una conducta, aunque no necesariamente enseñe una mejor.
En redes, el efecto es similar, el usuario aprende rápido qué conviene no decir, qué postura no mostrar, qué tema evitar. Se instala así una pedagogía del miedo sutil, sin barrotes, pero eficaz.
El resultado es un campo de ENTRENAMIENTO CONDUCTUAL permanente.
No se moldea solo lo que la gente hace, sino también cómo piensa antes de hacer. Antes de publicar, muchos ya calculan: ¿esto suma o resta? ¿esto me premia o me castiga? La libertad expresiva queda negociando con el sistema de recompensas. Skinner diría que la conducta está siendo modelada por sus consecuencias. Bandura agregaría, y millones aprenden mirando a unos pocos caer o triunfar.
Y hay un detalle inquietante, este sistema no premia necesariamente lo verdadero, lo bueno o lo justo, sino lo visible, lo impactante y lo emocionalmente rentable.
Así, el refuerzo puede empujar a la exageración, al exhibicionismo o al conflicto, porque eso “funciona”. No porque sea sano, sino porque da resultado en términos de atención. El condicionamiento no pregunta por la virtud, pregunta por la eficacia.
Entender esto es clave, sobre todo en educación. Enseñar hoy no es solo transmitir contenidos, sino desenmascarar el sistema de refuerzos que está moldeando a los chicos todos los días.
Skinner mostró cómo se forma la conducta. Bandura mostró cómo se aprende observando. Las redes juntaron ambos mecanismos en una sola máquina. Y la pregunta ya no es si influyen, sino a quién están entrenando y en qué tipo de persona nos estamos convirtiendo bajo su aplauso o su castigo.

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