Les bases del model de racionalitat econòmica.
El modelo de racionalidad económica es una construcción teórica y matemática que tiene una parte individual, definida por el triángulo deseos, creencias, decisión, una parte interpersonal estudiada por la teoría de juegos y una parte colectiva estudiada por la teoría del equilibrio. Aquí me voy a referir solamente a la primera dimensión individual, que es la supuesta en las otras dos y en la que se expresan las dudas más corrosivas. El modelo es muy simple, afirma que una decisión correcta es el fruto de la preferencia de un agente que desea algo, tiene la información y creencias correctas sobre cómo lograrlo y fruto de esta convergencia de deseos y creencias toma la decisión. La corrección de esta decisión se establece por un conjunto de principios de decisión que fueron establecidos por la teoría de la utilidad esperada de Von Neumann y Morgenstern en los años cuarenta del pasado siglo. Donald Davidson, entre otros filósofos, los convirtió en un modelo hermenéutico para explicar por qué entendemos la conducta ajena: si conocemos lo que el agente S ha hecho (A) y conocemos cuál era la información de que disponía (C) podemos interpretar sus deseos (D). Si conocemos los deseos (D) y la información (C) podemos predecir qué es lo que hará (A). Davidson llevaba el modelo económico a la hermenéutica de la vida cotidiana, algo que le daba un sustento más allá de las abstracciones económicas. La psicología cognitiva de los años ochenta lo convirtió en la base de lo que se ha llamado “Teoría de la Mente” o capacidad humana de entenderse unos con otros. Por eso, las evidencias de cómo los humanos no actúan según ese modelo son tan problemáticas, más allá de las superficiales críticas “anticapitalistas” del modelo. Las respuestas de la teoría crítica sobre racionalidad de fines, por ejemplo las que Javier Muguerza dirigió contra Mosterín en los años setenta, no captan ni el trasfondo hermenéutico del modelo ni la importancia de las evidencias empíricas contra él, y se sostienen sobre la creencia ingenua de que una moralización de la racionalidad podrá resolver toda esta endiablada madeja.
![]() |
En lo que sí tienen razón las críticas es en que el modelo no explica la conducta humana, ni siquiera si lo tomamos en un sentido pragmático de que los agentes funcionan “como si” razonasen de acuerdo con el modelo. El punto es que necesitamos otra hermenéutica del sujeto y de los hechos sociales que tengan en cuenta los múltiples caminos por los que se constituye nuestra capacidad de actuar correctamente (en algunos casos). Y, aún más, necesitamos una teoría normativa que nos guíe en la formación de hábitos de conducta racional, pues la salud corporal y la racionalidad comparten dos características: son dependientes de mecanismos articulados, de la historia de la interacción con el entorno y, en parte, de prácticas saludables. Y ambas son similarmente frágiles.
Fernando Broncano, Las turbulentas aguas de la racionalidad, El laberinto de la identidad 12/02/2026

Comentaris