L'augment de la riquesa dels més rics repercutirà en la millora dels més pobres?






Crecer, crecer y crecer económicamente es la piedra filosofal de la ideología del libre mercado. Pero ¿hasta dónde debe crecer el PIB para que el cuerno de la abundancia del mercado derrame sus dones en cantidad suficiente en las copas de los más favorecidos de forma que rebosen y dejen derramar algo de riqueza para los menos pudientes? No hay ley natural que lo marque, ya que no es el efecto de causas impersonales, sino de decisiones. Con la promesa de la metáfora de la marea que levanta todos los barcos a la vez la mayoría de países llevan tres décadas poniendo en práctica políticas de libre mercado. Según afirma el economista Ha-Joon Chang en la introducción de su libro 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo el resultado, incluso antes de la última debacle financiera, es un crecimiento más lento, una mayor desigualdad y más inestabilidad en casi todos los Estados. El estancamiento de los salarios acompañado de un aumento de las horas trabajadas, que forma parte de este aciago cuadro, se inicia en los EEUU de Norteamérica en los años setenta; ha sido la eclosión del consumo a crédito –que ha alcanzado categoría de institución universalmente imprescindible en todos los así llamados países desarrollados– la que lo ha disimulado a cambio –eso sí– del incremento notable de la deuda de los hogares, fenómeno que dicho sea de paso forma parte del crecimiento monumental del sector financiero de la economía, y que acontece a escala mundial en detrimento del sector productivo (financiarización de la economía, sobre la que advirtió John Maynard Keynes en estos términos: «cuando el desarrollo capitalista de un país se vuelve un subproducto de las actividades de un casino el trabajo está claramente mal hecho»).

En consecuencia no cree Ha-Joon Chang que el libre mercado por sí solo revierta la actual tendencia a la desigualdad. Tampoco lo prevé Thomas Piketty en su muy leído libro de hace unos años titulado El capital en el siglo XXI. Y un informe de la OCDE de 2015 les da la razón, así como el último de Oxfam Intermón recién publicado con el explícito título de Premiar el trabajo, no la riqueza. En la misma línea que los dos economistas mencionados, el Premio Nobel de Economía Jean Tirole duda de que en el futuro inmediato existan «suficientes empleos remunerados con unos salarios que la sociedad considere decentes». En su libro publicado en castellano el año pasado y que lleva por título La economía del bien común reconoce la incapacidad del libre mercado para corregir injusticias como la que aquí he expuesto en relación a los salarios. «Esa es la razón –dice– por la que la búsqueda del bien común pasa en gran medida por la creación de instituciones cuyo objetivo sea conciliar en la medida de lo posible el interés individual y el interés general. En este sentido la economía de mercado no es en absoluto una finalidad». O dicho de otro modo: el «goteo» o «derrame» sin más no puede hacer milagros.

José María Agüera Lorente, Salarios (o sobre la teoría del 'goteo' o 'derrame', Filosofía en red 21/01/2018

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