L'acte de perdonar.
Por lo difícil que es perdonar, algunas veces, el perdón puede
convertirse en un tesoro literalmente impagable. No hay respuesta o
contraprestación posible a ese don porque el perdón hace las veces de
una donación sobrehumana y no hay esfuerzo humano que pueda igualarlo.
De
este modo el que fuera humillado no sólo recobra la paz con el otro
sino que inmediatamente al procurarla asciende a un nivel superior. En
tanto no perdonaba uno, ambos vivían inestables dentro de una misma
viscosidad pero el perdón limpia y delimita y fortalece.
Hasta
cierto punto el acto de perdonar se parece a la intervención quirúrgica
que corta de una vez el área insana y restablece la belleza de la salud.
Pero el cirujano es, en todo caso, sólo un instrumento que como
profesional saja por dinero y vocación.
El que perdona, sin
embargo, obra haciendo acopio de un poder que irradia sobre la relación
dañada una luz probablemente procedente de otro mundo donde se almacena
lo mejor.
No hay más fortuna en el perdonado que en el
perdonador pero, al cabo, poco a poco el bien es grande y se difunde a
todos. Llega incluso a aquello que no hallándose dentro del conflicto
han sido testigos de su dolorosa importancia y de su resolución.
Vicente Verdú, El perdón, El Boomeran(g), 09/04/2013

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