Una moral sense sort.






La suerte está presente en nuestras vidas de modos muy diversos, hasta el punto de que resulta difícil imaginar un mundo sin ella. (…) Los talentos, las capacidades o incluso los logros intelectuales admirables en las personas dependen en gran medida de la biología, el desarrollo y la formación, el ambiente social, las oportunidades, etcétera, que cada cual se encuentra. Asimismo, tampoco podemos controlar estrictamente el resultado de nuestros planes. De hecho, la suerte es importante para la práctica totalidad de aspectos de nuestras vidas, incluyendo el éxito de nuestros proyectos y nuestra felicidad.

Pero, con todo, cuando se trata del juicio moral tendemos a considerar injusto que la suerte pueda inmiscuirse. Nos revolvemos contra la idea de que la suerte pueda afectar nuestras valoraciones morales, o la consideración moral que una persona merece, o influir en su responsabilidad moral. Parece que la moral es una esfera singular, por lo menos en cuanto a su inmunidad a la suerte, y especialmente importante.

Sin embargo, nuestros juicios morales cotidianos sí que parecen tomar en consideración, y de manera significativa, elementos o factores que están más allá del agente juzgado. Por ejemplo, pensemos en el caso de dos personas que, tras beberse unas cuantas cervezas en un bar, deciden volver a casa conduciendo. Por el camino, uno de ellos pierde el control de su coche, se sale de la calzada y atropella a un peatón que caminaba por la acera. El otro conductor pierde también el control, se sale de la calzada, pero no atropella a nadie porque nadie caminaba por allí en aquel momento. Obviamente, ambos son igualmente responsables por su imprudencia. Poco hay un sentido por el cual nuestro juicio variará, y juzgaremos más severamente al conductor borracho que atropella a alguien que al que no, y esto como resultado de una acción cuyas consecuencias divergentes no son estrictamente controlables por el agente, con lo que parece que habrá un agente que es moralmente más afortunado.

La posibilidad de que la suerte marque una distinción moral despierta, por lo general, una gran oposición: hasta el punto de que la noción misma de suerte moral parece contradictoria para muchos. (…) En particular, el juicio moral parece que debe tener en cuenta exclusivamente aquello que depende del agente, al margen de su buena o mala suerte.

De hecho Bernard Williams ha puesto todo su empeño en desacreditar la concepción típicamente moderna de la moral, que identifica con la concepción kantiana, para la cual la noción de suerte moral es claramente absurda. (9-12)


Sergi Rosell, introducción a Bernard Williams y Thomas Nagel, La suerte moral, Oviedo,KRK 2013


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