Algoritmes, dopamina i competència per l'atenció.

Imatge trobada amb la cerca visual


Los algoritmos premian los contenidos que más reacciones generan. Es la «cultura de la dopamina» que tan bien describió Ted Gioia. Cada vez que recibimos un estímulo gratificante —un vídeo divertido, un comentario positivo, una notificación—, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer. Esa pequeña descarga crea una sensación de bienestar momentáneo y, al mismo tiempo, un deseo de repetir. Cada nuevo contenido promete otra dosis de gratificación, y así se construye un ciclo potencialmente adictivo. La lucha narcótica por la atención. En TikTok, según demostró un estudio de The Washington Postsolo el 10% del contenido que vemos proviene de cuentas que seguimos. El resto es decisión del algoritmo. Y esos algoritmos, lejos de ser neutrales, tienden a amplificar los discursos más extremos o identitarios, aquellos que apelan al miedo, la rabia o el sentido de pertenencia.

Todos estos hallazgos deberían servirnos de advertencia. No solo porque las plataformas se han convertido en un actor político de primer orden —capaz de influir en las emociones, percepciones y decisiones de voto—, sino porque lo hacen a través de mecanismos opacos e invisibles. La esfera pública digital ya no se organiza en torno al debate racional, sino a la competencia por la atención. La conversación democrática, mediada por algoritmos, se fragmenta en microburbujas emocionales que refuerzan prejuicios y simplifican la realidad. Las plataformas y sus algoritmos han tomado partido por los radicalismos.

Antoni Gutiérrez-Rubí, Algoritmos de extrema derecha, Gutierrez-rubi.es 11/11/2025

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