Anestesiats davant la mentida.
“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Esta frase, atribuida a Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945, quizá haya quedado ya anticuada. Y es que es posible que hoy ya no sea necesario repetir un bulo hasta la saciedad para que arraigue. La pregunta es: ¿por qué? ¿Acaso la verdad ha perdido prestigio? ¿Hemos quedado anestesiados frente la mentira al haberse convertido en algo recurrente?
El contexto es tan poco alentador que para José R. Ubieto, psicoanalista y profesor de la UOC, ni tan siquiera estamos ya en la era de la posverdad, sino que nos encontramos instalados en la posmentira. “La verdad y la mentira van unidas, no es pensable lo verdadero sin lo falso. En una mentira se demuestra que hay una inexactitud fáctica, es decir, no corresponde con los hechos. Y justamente puedes decir que es una mentira porque eso es inseparable de la garantía que ofrece la verdad”, relata.
No obstante, ese binomio entre verdad y mentira ha pasado a mejor vida. “En la era de la posmentira, lo que pesa son los hechos alternativos. Es decir, lo que es mi verdad, y mi verdad tiene otro estatuto, que es el de la opinión, que se ha convertido en un derecho”.
Defiende que la verdad siempre cuenta con una cierta convención social. “Acordamos que el Barça perdió el clásico porque vimos el partido y entendemos que nadie manipuló las imágenes”. Por el contrario, los hechos alternativos –sostiene- no admiten a otro que garantice que eso es así.
“Ahora, el criterio es: ‘yo soy lo que digo ser’. Si digo que soy una mujer, me importa bien poco lo que piense la ciencia sobre los órganos sexuales, o la administración sobre el registro civil en el que estoy inscrito…”. Ubieto lamenta que este planteamiento –“que no es nuevo, solo hay que recordar la propaganda nazi, o la propaganda política en general”- sirve para la sexualidad, el género, la religión, la patria... “Yo digo que he pacificado ocho conflictos y esa es mi verdad, y quien la dice no espera discutirla con nadie. Lo único que aspira a hacer es imponerla”.
¿Qué está provocando esta situación? Algo muy grave, a juicio de Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona. “Si terminamos por aceptar que no existe la verdad, si nos resignamos a que cada uno diga su verdad, eso comporta que cada cual se encierre en sus convencimientos. Es un camino directo hacia una especie de ensimismamiento del individuo en sí mismo”.
Precisamente, Ubieto señala este “individualismo creciente” como uno de los factores determinantes por el que estos hechos alternativos tienen éxito.
Otra causa, que va de la mano de la anterior, y que explica según este psicoanalista el triunfo de la era de la posmentira, es la desaparición de un orden simbólico, de un conjunto de normas y convenciones que, con alguna diferencia, aceptábamos en general y “que ha dejado paso al mundo del yo”. Asevera que esto tiene que ver con una desconfianza en el valor de la palabra, y no solo de los políticos, también de las instituciones. “Ya no hay ni una sola que goce de crédito: ni la ONU, ni la OMS...”.
De la misma opinión es Manuel Cruz, que afirma que antes había elementos de autoridad que resolvían el conflicto. Si algo era una invención, había una instancia pública, por ejemplo, que lo desmentía. “Ahora no, porque la gente tampoco se las cree”.
“Se han abolido muchas jerarquías y filtros”, reitera Ubieto. Para empezar, la ciencia. También los periodistas, apunta. “Eso hace que todas las opiniones ahora mismo sean iguales. Da lo mismo lo que opine un periodista reputado que Vito Quiles, aunque el primero la fundamente en tres fuentes y el segundo diga lo primero que se le ha ocurrido por la mañana”.
Ubieto todavía identifica un tercer factor que explica el éxito de estos hechos alternativos: las burbujas digitales. Ya no hay dos realidades, sino una, dice. “Yo la denomino figital, con f, una contracción entre físico y digital. En esta realidad híbrida vivimos todos, pasamos de un lado a otro sin darnos cuenta”.
Estas comunidades digitales, sostiene, cada vez se van polarizando más (manosfera o youtubers de extrema derecha) y son exitosas porque actúan como máquinas de producir sentido: “¿por qué eres así? ¿Por qué no tienes suerte? ¿Por qué las mujeres no te quieren? Y en un mundo como el nuestro, donde hay un grado alto de incertidumbre, todo lo que sea producir sentido (la conspiración, por ejemplo, funciona por eso) tiene éxito”.
La irrupción de la IA, además, lo complica un poco todo en este contexto. “Pone en cuestión lo que es verosímil y lo que no. La distinción entre realidad y artificio se está borrando”, expone Manuel Cruz. “Por ejemplo, quienes crean que la mujer de Macron nació varón, se les ofrece un montón de imágenes que dan verosimilitud a todo eso”, agrega.
¿Cómo revertir este panorama? Para empezar, dice Ubieto, hay que recuperar la confianza en las instituciones. “Los jóvenes desconfían de ellas porque no les dan las garantías mínimas: vivienda, trabajo digno...”. La mejor manera -señala- para contrarrestar estas verdades alternativas es, valga la redundancia, ofrecer una alternativa a este colectivo.
Josep Pita, De la era de la posverdad, a la posmentira: "La opinión se ha convertido en un derecho", La Vanguardia 02/11/2025
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