Manuel DeLanda: desmuntar l'antropocentrisme.



Manuel DeLanda


Quizá, lo que más inquieta de leer a Manuel DeLanda sea asumir el hecho de que el mundo no nos necesita tanto como creemos. Este filósofo, de nacionalidad mexicana y estadounidense, heredero del materialismo deleuziano, ha dedicado su trabajo a pensar la realidad como un proceso de autoorganización que no requiere de la conciencia humana para existir. Sus libros, desde Mil años de historia no lineal hasta Teoría de los ensamblajes y complejidad social (que se puede leer en abierto), son ejercicios de humildad ontológica: el ser humano es apenas un ensamblaje más entre miles de millones.

DeLanda es fundamental para el siglo XXI porque nos obliga a pensar más allá del antropocentrismo que ha caracterizado buena parte de nuestra filosofía occidental. En un momento donde la crisis climática nos grita que la naturaleza no está a nuestro servicio, donde la inteligencia artificial nos confronta con formas de procesamiento no humanas, necesitamos herramientas conceptuales que nos permitan pensar un mundo que no gira alrededor de nosotros. DeLanda nos las da.

Su concepto de «ensamblaje» (assemblage) es especialmente potente: todo en el mundo —ciudades, economías, ecosistemas, incluso nuestra propia identidad— es el resultado de componentes heterogéneos que se organizan de forma contingente. Nada es esencial, todo es producto de relaciones históricas y materiales. Esto tiene implicaciones políticas enormes: si las estructuras sociales son ensamblajes, entonces son modificables, desmontables, reconstruibles.

Leer a DeLanda es aceptar que somos parte de un mundo que nos excede. Y quizá, precisamente por eso, sea tan importante para entender el presente: porque nos devuelve a la materialidad de lo que hay, sin trascendentes ni fantasías humanistas. La filosofía debe partir de lo que hay y DeLanda nos enseña a mirar ese «lo que hay» sin ponernos siempre en el centro.

DeLanda desmonta el antropocentrismo filosófico mostrando que somos ensamblajes contingentes en un mundo autoorganizado. Su materialismo deleuziano nos enseña a pensar sin ponernos en el centro, fundamental para entender la crisis climática y las transformaciones tecnológicas contemporáneas.

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