Només un 60% d'encert.
“Al final de la Guerra Fría los poderes globales alcanzaron el consenso de que el mundo sería mejor con menos armas nucleares. Esta era se ha terminado” Con estos titulares sobreimpresos empieza la película de Kathlyn Bigelow, estrenada precisamente estos días en Netflix, en la que sobresalen dos conclusiones inquietantes. La primera es que ninguna tecnología asegura completamente la defensa del territorio de Estados Unidos ante un ataque balístico nuclear inadvertido. Ni siquiera los sistemas más fiables ofrecen seguridad absoluta, como sucede con la Cúpula de Hierro, que ha protegido el reducido territorio de Israel y ha sido muy eficaz ante la limitada capacidad de Hamás, Hezbolá, Irán o los hutíes de Yemen. Sobre todo ante ataques nucleares masivos sobre amplios territorios como los de Rusia y Estados Unidos, que están al alcance de sus mutuos arsenales, y con mayor razón si son misiles maniobrables e hipersónicos de intercepción muy difícil.
Ni el rearme ni la escalada sirven para evitar la guerra nuclear, al contrario. Tampoco el proyecto costosísimo de Cúpula Dorada con la que Trump pretende proteger el entero territorio estadounidense. Solo pueden evitarla la reducción de los arsenales y el desarme. Esta es la verdad mayor que muestra la película al advertir que los misiles interceptores tienen como máximo un 60% de acierto, casi como una moneda lanzada al aire. La verdad menor, pero no menos tenebrosa, aparece en la escenificación cinematográfica de la obligación personal e intransferible que tiene el presidente ante el dilema entre dejar sin respuesta a la incineración nuclear de una ciudad como Chicago, equivalente a una rendición, o lanzar un ataque masivo, se supone contra Corea del Norte, que desencadenará una guerra nuclear mundial. Nadie que vea el filme podrá sacarse de la cabeza que el futuro del mundo respecto a las relaciones internacionales, pero también a la decisión suprema de darle al botón nuclear, se halla en manos de alguien como Trump que agota los adjetivos a la hora de definir su personalidad: errática, imprevisible, confusa, presuntuosa, ignara, irresponsable, narcisista…
Lluís Basset, Un mundo lleno de dinamita, El País 02/11/2025
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