Reivindicar el patiment.




Al mismo tiempo, frente a la reivindicación de la felicidad, me inclino a pensar que ahora mismo es más importante reivindicar el sufrimiento: reivindicar el derecho a sufrimiento. Claro que son importantes esos bienes pequeños que la izquierda trata de establecer desde las instituciones, como los impuestos al turismo o la defensa de la salud mental.

Ahora bien, frente a esta insistencia en el derecho a la salud mental y, por lo tanto, a más recursos económicos y humanos para que la sanidad pública se ocupe del malestar cotidiano, está también la necesidad de recordar que hay procesos(algunos sociales y otros sencillamente vitales) que o son incurables desde la psiquiatría o que -incluso- no se deben curar.

Pensemos en esa represión del luto por parte de la nueva antropología neoliberal, que nos hace responsables, por un lado, de nuestras miserias inducidas y por otro nos impone un imperativo de felicidad constante: no podemos permitirnos ni siquiera estar tristes. El neoliberalismo se acompaña de una psiquiatrización y medicalización permanente de nuestra vida cotidiana, orientada a impedir cualquier situación de luto.

Se considera el sufrimiento una enfermedad que hay que tratar. Y no siempre es así. Unas veces es un daño social que solo se puede solucionar colectivamente y otras es una experiencia vital (la de la muerte, por ejemplo) que conviene interiorizar lentamente.

El dolor por la muerte de tu madre no es un dolor psiquiátrico, un luto puede durar un año o no terminar nunca. De hecho, a partir de un cierto momento de tu vida, estás siempre de luto, y a pesar de ello, te levantas y cuidas a los otros y te ríes y te tomas unas cervezas con los amigos. Se puede aliviar, pero no patologizar el sufrimiento. Creo que también la izquierda debería recordar que hay algo valioso en el sufrimiento, que hay algo bello y necesario en el sufrimiento.

Santiago Alba Rico, Crisis de civilización y deserción, publico.es 24/05/2024

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