Tradicionalmente el conocimiento ha de cumplir tres condiciones:
Estas tres características, que proceden del Teeteto de Platón, se consideraban suficientes y necesarias. Hacen falta las tres y con solo estas tres ya tenemos conocimiento, una creencia verdadera justificada.
Lo que muestran los problemas de Gettier es que podemos creer algo que es cierto y que además esté justificado, pero aun así puede que no sea conocimiento, es decir, algo que de verdad sepamos.
Aunque a menudo se habla de suerte epistémica (suerte del conocimiento), hay que subrayar que no se trata solo de pura chiripa. Más ejemplos:
Voy con el coche y veo lo que me parecen tres vacas en un prado. Y digo: “En ese prado hay tres vacas”. Pero resulta que lo que yo creía que era una vaca en realidad era un matorral. Aun así, hay tres vacas porque detrás de un par de árboles había una tercera vaca que yo no había visto. No he acertado solo “por suerte”: mi conclusión estaba justificada. (Este ejemplo es de Roderick M. Chisholm).
Supongamos que me creo las encuestas del CIS y que el PSOE ganará las elecciones. En consecuencia, digo que el candidato más alto será el presidente, pensando en Pedro Sánchez. Pero resulta que Pau Gasol funda un partido, se presenta a las elecciones y las gana. Mi conclusión era cierta y estaba justificada, pero, de nuevo, no se puede decir que supiera quién iba a ganar.
Los problemas de Gettier son también aplicables a temas sociales, dado que hay muchas posibles explicaciones a fenómenos que en realidad son muy complejos. Por ejemplo:
Supongamos que alguien piensa que la subida del sueldo mínimo provocará un incremento del paro. La predicción: “El paro subirá en los próximos meses” no significa que mi razonamiento sea correcto, aunque acierte, porque el paro puede subir por muchos motivos. Y al revés, si el paro baja, no significa automáticamente que el sueldo mínimo no tenga ningún efecto en la contratación.
Es decir, conviene recordar que cuando un tertuliano o un columnista acierta en algún tema, puede ser:
Que sepa de lo que habla. Que haya acertado por pura suerte. Que estemos ante un problema de Gettier y que su explicación, aunque parezca justificada, en realidad no explique nada.
Nuestro conocimiento es más frágil de lo que parece:
- Pero también podemos acertar y que en realidad no tuviéramos ni idea de lo que estábamos diciendo.
Jaime Rubio Hancock, Estoy seguro: ganará el candidato más alto, Filosofía inútil 30/(04/2024
|
Comentaris