La bona vida de l'esquerra.



Durante mucho tiempo, a la gente común le ha tocado perder: varias crisis han golpeado a poblaciones como la española de maneras muy distintas. La de 2008 supuso pérdida de empleo, después ha llegado la inflación y siempre la pérdida de recursos. El aumento del coste de los bienes esenciales, desde la vivienda hasta la energía, pasando por el transporte o por los alimentos, ha sido habitual, en unos sectores u otros, en los últimos 20 años, mientras que los salarios y las retribuciones no han crecido, ni mucho menos, en el mismo porcentaje. Se ha generado así un efecto de desposesión que continúa avanzando. 

En ese escenario, la izquierda, más que en políticas del Estado del bienestar o en intentar crear prosperidad, se ha especializado, a menudo de manera autorreferente, en políticas del bienestar a secas: semana de cuatro días, ciudad de 15 minutos, teletrabajo, sostenibilidad. Y no son malas ideas, pero a menudo se despliegan a costa de invisibilizar el problema de fondo, la desposesión que sufre la mayoría de la sociedad.

Dado que no son direcciones incompatibles, tampoco habría mucho problema en complementarlas. Pero hay parte de la progresía urbana, la más pendenciera, que se resiste a salirse de sus privilegios de clase, y en lugar de entender la sociedad de la que forman parte, se empeña en que los demás adopten su perspectiva sin ofrecer nada a cambio. Lo llamativo aquí es la agresividad que exhiben: quien pone el acento en la desposesión es necesariamente un reaccionario. A veces, esta defensa de preferencias privadas o grupales alcanza extremos satíricos, como en el caso de Rodríguez Pam negándose a aceptar que una mayoría de las mujeres prefieran la penetración a masturbarse. Muchos de los integrantes de la progresía actúan sistemáticamente con la misma soberbia y el mismo desprecio por las preferencias de los demás.

Todos estos elementos subrayan una mirada particular en las izquierdas europeas, y en las españolas como parte de ellas. Podemos representa una posición cada vez más melenchonista, pero está dedicado a combatir al estado profundo y al machismo, lo que le deja en un lugar muy secundario del espectro político, En su lugar, la ideología que está emergiendo es la ligada a una suerte de buena vida, a la propuesta de condiciones de bienestar, físico y emocional, que se sustentan en un cierto optimismo y en la confianza en el futuro. Es difícil que esto arraigue, y mucho más en esta época. No se trata sólo de que la buena vida, como la vida cara, no la tiene quien quiere, sino quien puede; se trata más bien del enredo mental de quienes, representando a una parte de la sociedad, en general bastante favorecida, creen que los problemas y las aspiraciones de los demás son los mismos que los suyos. Y que si no es así, deberían serlo. Por tanto, lo que impide que la izquierda actual tenga recorrido es su génesis: sus ideas han surgido de una pequeña parte de lo sociedad que se percibe como la avanzadilla de la historia. En lugar de tejer proyectos que puedan ser atractivos para la mayoría de la gente, se revuelven cuando no se les concede la razón, ya que va de suyo que el resto de la sociedad debería respaldar sus posiciones de clase. Así es muy difícil ejercer de motor ideológico. La política, hoy más que nunca, cuando estamos en un cambio de época, requiere pensar desde una perspectiva común los problemas que sufre la mayor parte de la sociedad. Con ese punto de partida es posible que los proyectos avancen.

Esteban Hernández, La izquierda tiene una nueva propuesta política: la "buena vida", elconfidencial.com 12/03/2023

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