Tolerar l'intolerant?


Hay que preguntarse si basta con certificar la fragilidad de la democracia o si es necesario buscar la fortaleza democrática. Si debemos comenzar a trazar en primer lugar una línea de demarcación que nos permita identificar la democracia frente a la autocracia disfrazada de tal y, en segundo lugar, una línea de defensa contra lo que ya no es homonimia sino usurpación. Lo que aquí se sugiere es un razonamiento de mínimos y un plan de acción de máximos, en situación límite.
En lo primero, nos ayudaría recordar la definición mínima de democracia que ofreció Bobbio, con su certero análisis de las reglas procedimentales del juego democrático necesarias para que podamos hablar de democracia. La inteligencia del pensador italiano estriba en evitar la formulación de grandes ideales, para especificar, en cambio, que la base de ese juego, los derechos inviolables de los individuos y el Derecho mismo frente al poder, no son reglas del juego democrático sino el presupuesto necesario para que este pueda desplegarse. Jugar a un juego con el objeto de destruirlo es ser un enemigo del juego.
Por lo que respecta al razonamiento de máximos, las circunstancias actuales nos acercan al recuerdo de la “paradoja de la tolerancia” planteada por Karl Popper y reconocida, con matizaciones, por otros autores como Rawls. Plantea el peligro de que una excesiva tolerancia con quienes no respetan la tolerancia pueda terminar por amenazar la supervivencia de sociedades basadas en ella. Popper reclama abiertamente, en nombre de la supervivencia de tales sociedades, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Habría que pensar hasta qué punto el contrapoder de esos “hombres acostumbrados a mandar”, que construyen sus objetivos autocráticos en los flancos abiertos por las paradojas de la democracia, se encuentra en una acción política paradójica como la señalada por Popper. Pero no se puede abandonar esta propuesta de un remedio tan extremo sin acompañarla de la advertencia de Nietzsche: “Quien con monstruos luche cuide de convertirse a su vez en monstruo”.
Alicia García Ruiz, Democracia ante el abismo, El País 13/10/2018

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